El veraneo de los zonzos

Abro un toque Instagram y me encuentro con una publicación de la cuenta de Alberto Fernández, anunciando el lanzamiento de 30 obras públicas, siguiendo las directivas de un plan federal. En la largada de este 2021, el Estado ejerce presencia y voluntad política en 16 de nuestras provincias, es decir, en la amplia mayoría del territorio nacional. La des-porteñización avanza de acuerdo a lo pactado. Me deslizo casi por inercia hasta los comentarios al pie del posteo, y resulta que aquello poco tenía que ver con la noticia en cuestión. Más bien me dio la impresión de que “la gente” anda con ganas de advertirle una cosa al presidente: que “ni se le ocurra volvernos a encerrar”, dijeron unos cuantos.

Está claro que todo lo que transcurre en las redes es cacareo más que otra cosa. “Mucho ruido y pocas nueces”, diría mi abuela -ahre que lo digo yo-. En todo caso, lo que hay ahí es un tufillo de las excusas que se comienzan a tramar, para desobedecer los cuidados del gobierno y agitar otra vez el avispero de la calle. En efecto, no menos de cinco o seis comentarios -de los 10 o 15 que habré leído- dejaban entrever la opereta tilinga que viene a inaugurar la temporada veraniega: “Un millón de personas en el velorio de un futbolista”; “una joda frente al Congreso para legalizar el aborto”. Es por ahí.

No es un argumento descabellado. Digamos que no tenemos muchos elementos teóricos para contraponer frente a esa avanzada acusatoria. Entre quienes defendemos las medidas implementadas por el gobierno nacional para resguardarnos de la pandemia, no fuimos pocos los que estuvimos, efectivamente, manifestándonos allí. Entonces, es así nomás. Supimos que estábamos corriendo un riesgo y ahora nos toca hacernos cargo de nuestras contradicciones. La porción pacata de la sociedad que detesta a Maradona y que le importa tres carajos que las pibas pobres pongan en riesgo su integridad, ahora tienen un as en la manga para hacerle la vida imposible -más todavía- a un gobierno que sigue buscándole la vuelta al asunto de cuidar la salud de su pueblo.

El veraneo de los zonzos recién empieza y no hay un hisopado que pueda prever el alcance de la zoncera humana. De acá a marzo cualquier cosa puede pasar y las portadas de los diarios ya están anunciando un pronto retroceso en las distensiones sociales que nos habían sido otorgadas. Léase lo siguiente: de un momento a otro puede largarse el diciembre tormentoso que parecía haber seguido de largo esta vez.

Hacernos cargo de las contradicciones que tenemos, no creo que sea gran cosa. Los problemas afloran cuando nuestras contradicciones son puestas sobre la mesa por algunos jugadores que no admiten estar jugando, y que ni siquiera son capaces de hilvanar un pensamiento sobre las hipocresías que los atraviesa. La intencionalidad política de los referentes de la oposición no es el problema. El problema es la intencionalidad política de esa enorme masa de gente que se jacta de no participar en los asuntos sucios de la política. Por enésima vez, recaerá en nuestros hombros la responsabilidad de poner la otra mejilla, en lugar de entrar en el terreno del palo y palo que agitan los desestabilizados.

Arrancó un año electoral y es importante no perderlo de vista. Pero la campaña de vacunación ya se puso en marcha en Argentina y hay un claro en el horizonte del que nos podemos aferrar. No obstante todos esos zonzos que se amotinan en nuestras playas y se vanaglorian de que ellos hacen lo que se les antoja, hay motivos concretos para creer que el invierno venidero no será crudo como el anterior. En el mientras tanto, si la cosa se saliera de cauce, bueno, cerraremos filas y encontraremos juntos la manera de cuidarnos para salir adelante. Lo hemos hecho. Lo volveremos a hacer.

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