La grieta que vale la pena

En esta humilde columna que hemos dado a llamar #SinGrieta y donde, semana tras semana, intentamos persuadirlos del flaco favor que nos hace enfrascarnos en esa dinámica binaria y confrontativa, hoy vamos a hablar de la necesidad de fortalecer una grieta. Y ustedes dirán que soy un pelandrún y que mejor será migrar de portal. Y puede que lo sea, no digo que no, pero denme la chance de explicarme.

 

En Entre Ríos, puntualmente en los campos de la familia Etchevehere, explotó una disputa de poder por el dominio y el control de las tierras. No me explayaré demasiado en los pormenores del asunto. Diré, eso sí, que una mujer ha tomado la determinación política, tras una década de sometimientos, de dejar de ser una víctima crónica del abuso de poder que este entramado familiar, cuya cara visible son sus hermanos varones, ejercía sistemáticamente sobre ella. La valiente mujer en cuestión se llama Dolores Etchevehere, y es, al día de hoy, la deshonra de su familia: una familia acostumbrada desde hace un par de siglos a conseguir todo lo que se propone, comprando las voluntades que hagan falta, convirtiendo un sector de la justicia entrerriana en parte de su patrimonio, edificando una estructura paraestatal que resguarde sus intereses y satisfaga sus caprichos, torciendo las líneas editoriales de los medios de comunicación y evadiendo y fugando más plata de la que somos capaces de ver si cerramos los ojos. Bueno, una familia macanuda.

¿Qué hizo Dolores? En primer lugar, se dio cuenta que sola no podría rehuirle a la inmovilidad. En segundo lugar, comenzó una serie de charlas y encuentros con Juan Grabois, que derivaron en ofrecerle patrocinarla como abogado. En tercer lugar, comenzaron a elaborar una estrategia de avances y resistencias, y esa estrategia contemplaba la creación de una organización, con un programa “reparador, ecológico y comunitario”. El Proyecto Artigas vio la luz vía producción audiovisual, a través de la plataforma YouTube, el día 15 de octubre. Ahí estaba Dolores, hablándole a la cámara en primer plano, contando todo lo que había padecido. Para cuando el video fue colgado en la web, Dolores ya estaba instalada en su casa, ahí mismo, en el campo familiar. No estaba sola. La acompañaban, y siguen acompañando, un grupo de hombres y mujeres que están dispuestos a encarnar una nueva forma de trabajar la tierra: son sus compañeros del Proyecto Artigas.

 

Es un tema muy complejo, pero, más que nada, totalmente simbólico de una contienda librada en nuestro país me atrevería a decir que desde el momento mismo de su fundación. Esta patria que habitamos forjó sus cimientos, bien lo sabemos, sobre la masacre de comunidades que fueron encontradas culpables del delito de habitar las tierras donde sus ancestros y ellos mismos desarrollaron su existencia. Un buen día, maduró la decisión elitista de que el modo de vida de estas comunidades no era compatible con esa patria naciente, y ahí nomás se los invitó -con dudosa cortesía- a desalojar sus tierras e ir a morirse por los caminos. Esa aristocracia criolla, de apellidos elegantes, tendió a punta de pistola el mantel de nuestro país, y ahí la ven, sentada a la cabecera, acopiando el fruto de nuestra tierra y enriqueciéndose a costa de millones de argentinos que no tienen para comer. Ellos dirán que es un relato. La realidad está ahí, para quien quiera verla.

 

Hay una grieta, hermanos, hermanas, claro que sí, y es una grieta que debemos tomarla con la seriedad que se merece, y sobre todo con mucho cuidado a la hora de hacer diagnósticos apresurados. No se trata del campo versus la ciudad. Ese es el falso dilema en el que nos quieren meter, porque ya les dio resultado y saben que, si vuelven a orientar la discusión hacia ahí, van a volver a triunfar. Ellos tienen experiencia en soplar los vientos del debate público, de modo tal de tomar las riendas en el puño, y nosotros, en nuestro apuro, solemos pecar de inocentes. La grieta que tenemos que tomarnos en serio es entre feudalismo y democracia y es entre pueblo y aristocracia. Permítanme que les hable con franqueza: yo, desde este espacio, les rompo las bolas y los ovarios con esto de unirnos, o al menos de pensar mejor antes de trenzarnos a las puteadas con el vecino, no porque sea un hippie pacifista ni un budista que se fue a acampar a Nepal, sino porque creo intensamente en la creciente toma de conciencia que debemos ser capaces de tomar, colectivamente, para acertar el vizcachazo y un buen día dar la batalla correcta.

 

Yo sé que es difícil porque estamos rodeados de gente que está tomada por la ignorancia en el mejor de los casos, y en el peor por la llana violencia. No es que disienta en esa interpretación de los hechos. Disiento, en todo caso, en que sea esa la grieta que nos convoca. No: el vecino confundido del 4B no puede ser la contracara de nuestra grieta, si lo que queremos es democracia real, si lo que queremos es un pueblo maduro y fortalecido. Y lo que está pasando en Entre Ríos está muy bien que pase, enhorabuena que alguien le haya ido a tocar el culo a ese 1% que históricamente nos tocó el culo -por decirlo suavemente- a la inmensa mayoría de los pobladores de este país. El problema no es con la ruralidad, sino con una casta de familias inescrupulosas que históricamente ha ejercido el control territorial y económico, y que sigue haciéndolo, de una manera profundamente anti-democrática. Y ojo, que el Proyecto Artigas no es una cosa descabellada ni son unos caídos del catre los compañeros que lo encarnan. Hay un clima de época que lo avala, y hay un montón de proyectos que están apostando por la descentralización y la democratización de las vastísimas tierras argentinas, para que todos y no unos pocos podamos vivir con la dignidad que nos merecemos.

 

Somos un pueblo pobre habitando un territorio rico: a esta altura del partido, nadie duda de esto, ¿verdad? Entonces, si la interpretación es común y es compartida, lo que sigue será avanzar hacia un análisis más certero, respecto de cuál es esa verdadera grieta que bien vale la pena profundizar.

 

De aquí en más, a la luz de cómo se sigan desarrollando los hechos de Entre Ríos, se habilitarán muchos y variados análisis políticos. Bienvenidos sean. Nada es gratis ni tan sencillo, cuando de ser un pueblo libre se trata. Estemos informados. Sepamos que ahí se están jugando cosas importantes. No es un asunto marginal ni mucho menos, lo que está pasando en ese campo: es un asunto constitutivo de nuestra patria, y nos reclama ser partícipes.

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