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Trabajos pensados

#EstoPasóenlaRadio
#IvánSchargrodsky
#LaLenguadelasMariposas
#QuéMenjunje

Nos miró y lo primero que dijo fue que esta clase, la que estaba a punto de empezar, era la más triste y la más bella de toda la cursada. Sobre el escritorio, ya tenía preparado un libro gordo de afiches a color, que luego nos iríamos pasando de mano en mano entre los alumnos, para nadar un poco en la estética de una época que todavía tenía el rostro de la esperanza, que todavía estaba de pie. 


La profe dice que antes de meternos en las cuestiones geopolíticas que rodearon a la Guerra Civil Española -por demás complejas-, ella quería contarnos una de las tantas historias desprendidas de la lucha, y acabadas en exilios y dolores. Era la historia de Rafael Alberti, el poeta republicano que llegó al puerto de Buenos Aires en el amanecer de los cuarenta. “Su amiga Amparo le había insistido mucho a Rafael para que viniese a la Argentina, pero murió un par de días antes de que llegara”. A la profe de historia se le hace un nudo en la garganta, se le ponen los ojos colorados y por un momento no puede seguir. Nosotros, sus alumnos y alumnas, nos quedamos en silencio, respetando su repentina emoción y esperando que continuara contándonos la historia de Rafael. Una vez que bajó del barco, el poeta la buscó sin éxito entre la gente. En cambio se encontró con otros amigos, y así supo lo que había pasado. Probablemente, a ninguno de los ¿cincuenta? estudiantes que estábamos ahí nos había ocurrido nunca, que un docente se nos quiebre en plena clase, intentando reflejar una parte de la historia que evidentemente le atraviesa. A mí, al menos, no me había pasado, y me gustó que me pase, y seguramente lo recordaré como un bello momento de enseñanza.


Y ahora les va a parecer que voy a dar un salto ridículamente descontextualizado, pero, denme una chance. Hace unas semanas, reporteamos en nuestro programa de radio al colega Iván Schargrodsky, un joven periodista cuya trayectoria no se condice para nada con su edad. Todo el arco político de nuestro país conoce quién es Iván, por razones visiblemente opuestas a las preponderantes en los medios de comunicación, sobre todo en aquellos que están atravesados por la política. Iván maneja un caudal de información privilegiado; es un entrevistador sereno y conciso, que se cuida como pocos de no entorpecer el espíritu de la entrevista con sus propias definiciones. Iván es un militante de la anti-grieta y desde los espacios que conduce ejercita el pensamiento no binario: así se ganó el respeto de un sector de la sociedad que, quizá, se sentía acéfalo de esta clase de comunicadores. A nosotros, sus coetáneos colegas, nos hace pensar, y eso hace que muchas veces nos reflejemos en él.


En esa nota radial que compartimos, el conductor de El fin de la metáfora expresaba su sensación de que no abundan las voces en la pantalla de la tv, independientemente del canal que uno sintonice: “Es un problema de nuestra democracia, sin embargo percibo que nadie cuestiona mucho esa escasez de voces que nos cuentan la realidad”. Luego, e incluso conociendo su posición, no podíamos dejar de conversar sobre la remanida figura del “periodista militante”, que durante la marejada de 678 se ha colocado bajo el reflector. Iván enhebró su respuesta partiendo desde lo obvio: que cualquier medio de comunicación participa de una disputa de sentido. Aclarando aquello, fijó su posición: “Una identificación de ese estilo de periodismo suele darse desde espacios de izquierda, ya sean más progres o peronistas. No he escuchado nunca, a ningún periodista que tenga una línea de derecha, reconocerse de esa manera. Lo que tendríamos que evaluar, es que eso les da, a ellos, una ventaja comparativa que no merecen”.


¿Qué periodismo hacemos, desde Noticias de Ayer? Lo pensamos constantemente, lo charlamos de vez en cuando, de hecho nos ha ocasionado alguna discusión esporádica. Lo interesante es que no tenemos una sola respuesta. Estimo que nadie la tiene. Charlando sobre esta nota, recordábamos algo que ocurrió en nuestro país, en vísperas de la dictadura. Entre 1973 y 1974, salieron a la luz dos publicaciones, ambas de la organización Montoneros: una se llamó El Descamisado, la otra Noticias de los Montoneros; la primera quería ser un “instrumento para impulsar y masificar las acciones que la organización consideraba eficaces”, es decir, una publicación cuya orientación era claramente partidaria; la segunda, en cambio, se perfilaba como un arma “democrática y legal”, que se disponía a formar parte del abanico de periódicos de tirada nacional, abordando de ese modo a un sujeto más masivo. “Era una forma clásica del ejercicio del periodismo en Argentina, nada más que asumida con honestidad”, declaró alguna vez Horacio Verbitsky.


Si la pregunta fuera cuál de esos dos periodismos es mejor, no tenemos una respuesta clara. Lo que sí sabemos es que ambos son válidos, en tanto expresiones del oficio y en tanto maneras distintas de abordar la realidad. Nos limitaremos a repudiar cualquier acto de censura, considerándola una táctica propia de una forma de hacer política que ha quedado vetusta. 


Hay una película que se llama La lengua de las mariposas: Don Gregorio es un maestro que está cerca de jubilarse, en una España que se arrima inexorablemente a su Guerra Civil. El maestro es republicano, pero no le andaba bajando línea a sus pequeños alumnos sobre cuestiones de política, que probablemente fuesen muy intrincadas para ellos. Él les enseñaba sobre la naturaleza, sobre el sentirse libres, les inculcaba el respeto por la opinión de los demás, el amor por la lectura. Lo que hacía, en todo caso, el maestro republicano, era colaborar con esos chicos para que fuesen críticos el día de mañana, y para que fuesen lo más libres que pudieran. Dicho sea de paso, la última escena de La lengua de las mariposas es una excelente ocasión para comprender hasta qué punto una expresión artística -en este caso una obra de cine- es capaz de hablarnos sobre un hecho de la historia tanto o más que cualquier manual de época.


La profe que les contaba, aquella que se emocionó mientras nos relataba la historia de un poeta que se vio obligado a buscar amarras lejos de su tierra, puedo decir sin temor a equivocarme que es una profe militante. Y no hay en esto ninguna maldad, ni ninguna suspicacia. Ella milita lo que cuenta, sencillamente porque está contando una historia que la atraviesa, que seguramente tiene que ver con sus orígenes, y que por momentos le emociona. En ella, y en Don Gregorio, podemos reivindicar a los militantes que son buenas personas, que son buenos en sus trabajos, y que de ningún modo buscan censurar la mirada ajena, sino alimentarla, sino enriquecerla. Iván hace lo mismo, solo que el mar que él escogió como oficio tiene, quizá, un oleaje más revuelto que el de la docencia. Será, en todo caso, cuestión de aquietar las aguas, y de volver a la esencia de esos trabajos, que no son ni tan buenos ni tan malos: solo son eso, trabajos.