Soy escritor

#DíadelPeriodista

Creo que ya me los aprendí, pero antes siempre me confundía el día del periodista y el día del escritor. Qué sé yo, hay un montón de días de algo. Y cada vez que me confundía, pensaba que tenía sentido, porque en realidad nunca supe si soy periodista, escritor, las dos, u otra cosa. En algún momento me preocupó, porque, claro, ¡mirá si me preguntaban! Después pasaron los años y debo haber notado que naides me preguntaba nada, y entonces me fui despojando de tamaña preocupación. Tengo un oficio mulato y está bien, ya me amigué con eso y hasta le tomé cariño. Creo que empecé a sospechar que como periodista dejaba bastante que desear cuando noté que no me informaba debidamente. Leía un toque las noticias, sí, pero no una cosa que diga “qué bruto, ¡cómo se informa!”. ¿Entonces? ¿Soy escritor? Mmm, ¡había que tener agallas para decirlo, ehh! Ahí me veo, a mis veintipico, en alguna festichola, cumbiando con una piba:

- Y vos, ¿qué hacés?
- Soy escritor

Faaa, andá yendo amigo, ahora te alcanzo. Y sí, es un poco piantavotos, qué le vamos a hacer.

Pero, decía que ya me encariñé con este oficio mulato, y que hasta le fui encontrando algunos filos. ¿Que si me forré de guita? No, no va por ahí la cosa. De hecho, no le sugeriría a nadie que tenga grandes pretensiones materiales, embarcarse en esto de ser periodista mestizo. En todo caso, prueben chupándole el culo a los jerarcas de algún medio poderoso, háganle los mandados, jueguen sucio. Y ahí se van a ir acomodando. Si alguien les pregunta, ustedes dicen que son “periodistas independientes”. Y listo el pollo.

Iba por otro lado, lo que quería decir. Los años nos pasan a todos y uno siempre piensa pa delante. Y esto de trabajar con la escritura me gusta porque es algo que voy a poder hacer casi hasta que me pudra, e incluso quizá haga placentero ese asunto de la vejez que un día nos va a tocar pasar. El día de jubilarse puede ser un alivio para un montón de personas, pero también puede ser traumático para un montón de otras que laburó toda su vida en algo que de golpe ya no tiene más, y que quizá tampoco tiene una idea clara de cómo seguir. Bueno, un escritor tiene ese changüí de seguir escribiendo tanto como se le dé la gana, mientras que las manos y la vista más o menos le respondan.

Y hay otra ventaja. Observo el laburo de los compañeros actores, de las compañeras actrices. Ellos quizá también tienen esa virtud de seguir trabajando prácticamente hasta el final, pues su oficio no solo lo permite sino que lo requiere. No es igual: los viejos actúan de viejos, y cuanto más viejos se ponen más chances hay de que sean tapados por una sábana, en alguna escena que les toque protagonizar. Debe ser bravo. Hace poco vi After Life y no podía dejar de fijarme en eso, cada vez que Tony visitaba a su padre en el geriátrico. Las letras, de alguna manera, te dan ese refugio de la libertad, esa posibilidad de la fantasía. Y cuando me haga viejo, quizá siga siendo joven.

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