¿Quiénes son Nisman?

*Un texto de Yamil Salum (segunda parte)

Ahora bien, ¿qué consecuencias trajo la muerte del fiscal? Por lo pronto, los carteles de “Cristina asesina” los vemos aún en cada marcha anti-cuarentena; algo parecido ocurrió con el “Yo soy Nisman”, emblema fabricado a la medida del “Je suis Charlie Hebdo”; y no debe soslayarse el enaltecimiento del fiscal al nivel de un prócer, impactando en la opinión pública e instalando la idea -o, al menos, la sospecha- de que el gobierno fue efectivamente perpetrador de un asesinato que atentó contra la democracia y sus instituciones. Entre los muchos factores que incidieron en la victoria de la alianza Cambiemos, ¿qué relevancia creen que pudo haber tenido el uso político de la muerte de Nisman? ¿se hubieran impuesto, de todas formas, en ese balotaje tan reñido?

 

Y surgen más interrogantes: ¿alguien se preguntó cuán firme era la denuncia que traía Nisman entre manos? Si el juez Rafecas la había desestimado por carencia de hipótesis de delito en 2015, ¿por qué se vuelve a abrir al año siguiente, con el cambio de gobierno? ¿A nadie le llamó la atención que en diciembre de 2017 se haya dictado prisión preventiva a una Cristina Fernández que recién asumía su banca en el Senado, habiendo estado sin fueros durante dos años? En junio de 2018, la Justicia Federal establece que la muerte de Nisman fue por homicidio, pero nunca pudo determinar quién lo mató, y solamente procesaron a Diego Lagomarsino por “cómplice de asesinato”. Mientras tanto, se la corría de la investigación a la fiscal Viviana Fein, por “posibles delitos de acción pública”. Se sabe que el Poder Judicial es camaleónico. Bah, ¿se sabe? Una problemática bien actual, ¿verdad?

 

En fin, toda esta historia me remite a una mamushka: la primera muñequita fue la muerte de Nisman, luego su denuncia, detrás el juicio por encubrimiento en la causa AMIA y así hasta llegar a la última muñeca, el núcleo central de este complejo entramado de política interior y exterior: el atentado a la AMIA de julio de 1994. Un tema espinoso, cuyo análisis merece una entrega aparte, si se quiere dedicarle la profundidad que amerita. Es un tablero de ajedrez con piezas argentinas, pero también juegan Estados Unidos, Israel, Irán y El Líbano.

 

Hoy Nisman sigue siendo bandera para ciertos espacios políticos y sectores socioeconómicos, que lo blanden para seguir agrietando una sociedad de por sí polarizada. Quedan preguntas sin responder: ¿No habrá quedado el fiscal atrapado en una interna de los servicios, tras la depuración que ordenó Cristina? ¿Qué rol jugó Jaime Stiuso en esta historia? No olvidemos que se detectó una gran cantidad de llamadas entre agentes de inteligencia en actividad y otros retirados, previas a la noticia de su muerte. ¿Cuál era el origen de los bienes y el dinero que Nisman no había declarado? Si fue un homicidio, entonces, ¿quién lo mató?

 

Acreditar la hipótesis del suicidio sería perturbador para una parte de la población que no está dispuesta a bajar del altar al “fiscal que se enfrentó al poder político”. La pregunta es: ¿Quiénes son Nisman? ¿Todes somos Nisman?

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