Que sea ley

Intento leer un libro para la que será mi próxima reseña, pero se me va la cabeza pensando en la votación que se nos viene y termino desistiendo. Clavo de un saque tres notas especulativas sobre senadores verdes y celestes, las mismas notas que desde el 11 estuve evitando leer. Por suerte Menem está en una y Alperovich sigue de licencia, tras la denuncia de violación que le presentó su sobrina. El caso del ex gobernador tucumano nos sirve para tener presente una idea que es más abstracta -en relación al hecho de que el aborto es un asunto de salud pública- y que tiene que ver con esa autonomía del cuerpo femenino que queremos conseguir.

 

La cosa sigue peleada y no se descarta que el meme se haga realidad: puede ocurrir que llegue Cristina, apoye su cartera de marca sobre la mesa, pulse el botón verde y comience a sonar la marcha peronista remixada con The edge of glory, mientras ella se corre el pelo de la cara y se retira del recinto. Creo que muchos nos imaginamos esa situación porque sabemos que sería una marca indeleble y queremos que eso pase. No interesa que en el pasado Cristina se haya manifestado en contra del aborto. Los libros de historia dirán que decretó la ley e hizo explotar las calles vestidas de verde. Día de gloria para todas las mujeres del país. Le sugeriría a la gente del bloque celeste que si la ven difícil peguen un volantazo y hagan panquequear a algune de les suyes, así la cosa se resuelve antes y se ahorran un escenario que para elles sería dantesco.

 

Hablamos mucho con amigues y decíamos que esta vez el conflicto parece un poco más lejano. Dos años atrás nos habíamos enfermado todes, tras esa vigilia helada, y en cambio el otro día me desperté y casi me olvido de fijarme cómo había salido la votación en diputados. Después leí un resumen de las declaraciones más interesantes, y las más controvertidas, y ahí me percaté de otra cosa: por más que haga un esfuerzo por mantener a mi enanito de la intolerancia -así le decía mi profe de derecho- anestesiado con ketamina, por más que intente entablar un poco de empatía con esa porción de la sociedad representada por los anti-derechos, me termina pasando que escucho a los diputados celestes y vuelvo a perderles todo el respeto que artificialmente había logrado construir, a fuerza de no interactuar con ellos. Tienen todos los recursos y tienen incluso la obligación contractual de mantenerse informados, porque están representando al pueblo, y sin embargo siguen eligiendo pararse en la vereda de la ignorancia. Y eso me produce solamente indignación.

 

Me enojé ese día y después seguí con mi vida. Saber que había habido un montón de gente en la calle, acompañando, me dio tranquilidad. Hasta ahora, que empezó a estar demasiado cerca la fecha decisiva. Ahora estoy en pleno preparativo mental, tratando de visualizar cómo carajo se participa de una marcha masiva, cumpliendo con el distanciamiento social. En la balanza de la vida, estar ahí el 29 me pesa mucho más que agarrarme coronavirus, pero el problema no es ese, sino que el 31 voy a estar con mi familia y no quiero poner en riesgo a nadie. Mi balanza está perdiendo el equilibrio. No sé cómo voy a hacer. No tengo idea de qué serviría que yo esté parada, vestida de verde, a dos cuadras de la manifestación. Pero algo voy a hacer.

 

La distancia que me formé en relación con este debate, hace dos años, cuando internamente lo di por cerrado, como un bloqueo mental o un mecanismo de defensa, estoy segura que se va a desvanecer ni bien me reencuentre con la marea verde. Todavía siento que todo esto es una secuela que no nos merecemos, como pasa con esas series que como tienen buen rating después deciden estirarla y te clavan una temporada más -que nunca acaba bien-. Pero, esto lo sentía anoche, mientras escribía esta nota en mi cuarto, más sola que un perro. Mañana, esté en el centro o a un par de cuadras, voy a recordar que no soy la única desvelada, porque la realidad es que somos un montón, y ni el cansancio ni la espera nos van a sacar la polenta que tenemos.

 

Educación sexual para decidir. Anticonceptivos para no abortar. Aborto legal, seguro y gratuito para no morir. Es ahora, el tiempo de hacer historia.

Un texto de Valentina Cavalotti

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