Perú de luto

Entro al feed y veo que una marca de zapatos que sigo publicó una imagen negra acompañada con una frase: “Perú está de luto”. Confusión. Me voy a Google, tipeo “Perú de luto” y lo primero que me aparece es la noticia de un jugador de fútbol que lamenta la muerte de dos personas en una marcha. Le digo a mi amiga, que está al lado mío estudiando: “Che, se murieron dos pibes en Perú, en una marcha”. No sabía si eran pibes, no lo había leído, pero asumí que sí. Después lo confirmé: tenían mi edad, y aunque las noticias seguían hablando de “dos hombres”, yo digo que son pibes, igual que les diría a mis amigos.

Lo único que sabía, era que habían destituido a alguien. Ahora me entero que el 78% de los peruanos opina que Vizcarra -el presidente destituido por el Congreso- tendría que haber seguido en su cargo. Me entero, también, que el proceso destituyente fue muy dudoso a los ojos de la sociedad, y que eso decantó en la marcha más multitudinaria de los últimos 20 años. La gente no se manifestó tanto en favor de Vizcarra como en contra de su destitución, y la represión de las protestas lo único que logró fue hacerlas crecer.

Con dos pibes muertos y más de cien heridos, Merino anunció su renuncia, cinco días después de haber asumido la presidencia. “Perú está de luto”, decía ese posteo, y mientras entro al hashtag que me tira Instagram, pienso que debía estarlo toda América Latina, porque ahora los golpes vienen así, en envase de destituciones tramitadas por el Congreso, encarcelamientos sin pruebas y juicios políticos, todas operaciones montadas sobre lagunas legales o directamente mentiras elaboradas. La información que consumimos suele ser engañosa, y eso siembra confusión.

Lo único seguro es que Perú vio peligrar otra vez su democracia, y su pueblo se volcó masivamente a la calle. Porque, así como hubo durante los últimos años una oleada de golpes encubiertos, también hay otra oleada, de marchas y protestas sostenidas, de gente luchando en las calles para que se oiga su voz. Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Puerto Rico, Bolivia, Honduras. Más nos reprimen, más nos enojamos.

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