Nuestra retina

Cada 30 de diciembre se nos largaba a llover en la retina y todo costaba un poco más que de costumbre. Uno de los mundos que teníamos se nos desmoronó un 30 de diciembre y en ese derrumbe se quedaron a vivir un montón de pibes y pibas. Y entonces nos tomamos un momento para pensar en todos ellos. Y por ahí no nos permitimos cagarnos de risa libremente de cualquier pavada, como hacemos otros días. Nos vienen de golpe a la memoria y bienvenido sea que se vengan, porque pensar en ellos es pensarnos nosotros mismos.

Escribo esto y recojo el sonido de la lluvia que se cuela por la ventana. Pero esta vez tiene una forma diferente. Ciertas lluvias parecen haber sido hechas para venirnos a cerrar alguna herida. Bah, quizá es cosa mía, pero siento que cada tanto se larga uno de estos aguaceros que nos desaloja un dolor y se lo lleva a la rastra por la rejilla del patio, o surcando el cordón de la vereda hasta irse a morir a la alcantarilla de la esquina.

 

Hoy aclaró un poco la retina. No importa qué diga el cielo. Hoy, después de tanta lucha, se hizo ley el aborto y de golpe amanecimos en un país más maduro, reflexivo, laico y responsable. No es un cierre. Esto recién comienza. El debate centralizado en el Parlamento ahora se atomizará en cualquier rincón de la patria donde este derecho quiera ser ejercido. Eso sí: ya nada volverá a ser como antes. Hoy a la madrugada, el Estado argentino reconoció el derecho de las mujeres a interrumpir su embarazo si no es deseado, y esto significa que la lucha ha cambiado por completo.

 

La clandestinidad nos condujo a nuestro peor desmoronamiento, el 30 de diciembre de 2004. Hoy, dieciséis años después, pudimos como pueblo barrer con otra de esas sombras que regían nuestras vidas, y de aquí en más todo será un poco más claro en nuestra retina, incluso cuando miremos la lluvia por la ventana.

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