Medios de operación

“Esto es histórico, no es de ahora”, dice Valentín, comerciante millonario de 58 años, hablando del rugir mediático de la corruptela K. Millonario porque es hincha de River, lógico, ¿o acaso ustedes saben de algún comerciante que se haya abierto una cuentita offshore por ahí? La veo difícil. Bueno, pero acá estamos para darle continuidad a esta suerte de informe que nos propusimos hacer sobre este tema candente que es la corrupción, en el territorio de la política pero también en los barrios aledaños. Y la opinión de Valentín es compartida por otres que gentilmente han respondido nuestras preguntas: podemos arriesgarnos a decir que un hecho histórico es algo que se repite pero no en cualquier circunstancia, ni porque sí. El comerciante gallina (digámosle así para ahorrarnos confusiones) piensa que una circunstancia propicia es “cuando se quiere desprestigiar a la política en tanto herramienta de transformación”. Edward Carr, historiador inglés, decía que los acontecimientos históricos nunca ocurren en estado puro, sino procesados por la mente y la subjetividad de quien los transmite. Ahora, bien, ¿histórica es la corrupción o histórica es la transa mediático-partidaria para plantar corrupción en el campito ajeno? El huevo y la gallina. 

Virginia tiene 57 años y en el marco de la nota que antecedió a esta se atrevió a parafrasear al filósofo británico y disruptivo Aldous Huxley. Lo que nos contaba, para que nos diésemos una idea de hasta qué punto es histórico este asunto, es que lo recuerda a su padre agarrándose la cabeza y lamentándose porque “¡el problema de este país es moral!”. Ella sería probablemente una niña, pero el recuerdo permanece fresco. Y entre hinchas de River parece que se entienden, porque Marcelo, el abogado, coincide con Valentín en que el flagelo de la corrupción es estructural y perfectamente inherente al sistema capitalista. La otra cuestión que apunta el hombre que integró las filas del primer equipo del CELS, es que el aparato comunicacional recae siempre sobre la corrupción subjetiva, nunca la estructural, porque “para preservar ese dispositivo del que se sirven los grupos financieros e industriales y los grandes pooles de siembra, es preciso, de vez en cuando, ‘ajusticiar’ a algún corrupto en particular”. 

Importan los nombres, más que el “sistema”: se habla de los Baratta, se habla de José López y De Vido, pero nunca una palabrita sobre los Rocca, los Chediak, Eurnekian y compañía. Eso es lo que fabrican los multimedios en connivencia con sectores concentrados de la política como es, a todas luces, el gobierno de Cambiemos. Verdades recortadas con tijera de plástico, tan mal hechas que parece a propósito, cuya posible explicación es que le hablan a un público dócil por demás, para nada preocupado por la rigurosidad ni por la integridad: ni siquiera le interesa que el disfraz sea más o menos ceñido al cuerpo.

Aldana (24), joven dirigente política y futura abogada, dice que habría que sacarse de la cabeza la imagen de los bolsos llenos de dinero. No lo dice porque niegue esa realidad, que es parte de las sombras de nuestra política mundana, sino criticando las coberturas mediáticas que les viene como anillo al dedo a los poderosos. Porque, dicho con otro refrán, logran que árbol tape el bosque de lo que ocurre en nuestro país. “En una hora, capaz que el dólar salta tres pesos, entonces, la manera de entorpecer esa realidad es taladrando con temas que son palpables a la sensibilidad de los ciudadanos. Que te muestren toda la plata que se robó un funcionario, es más palpable que interpretar la crisis económica del país”, dijo Aldana. Cuando ella menciona la sensibilidad de la gente, se refiere a que habría que percibir cuáles son las reacciones que ocurren en una sociedad, como colectivo, frente a ciertos estímulos: en este caso, el tema de la corrupción en la política. Alejandro tiene 63 años y es una referencia del peronismo en la Ciudad de Buenos Aires. Le diremos “Alejandro Segundo”, para distinguirlo del docente que ya hemos presentado en la primera entrega: su aporte va en la línea de la entrevista de García Linera, en tanto autocrítica de la conducta de los movimientos populares: “Hay una actitud de hacernos los tontos frente a ciertas situaciones. Esto es algo que nos atañe como peronistas y que debemos modificar. La corrupción golpea al núcleo duro, a la esencia del movimiento, y la continuidad histórica de este problema lo vuelve un comportamiento peligroso”. 

La materialidad o tangibilidad del asunto está presente: es fácil notar que falta guita en la caja registradora, no así que nuestros nietos tendrán que seguir poniendo el chope frente al endeudamiento que nos están enchufando. Haciendo una ecuación parecida, tenemos que no es tan evidente la relación que hay entre la malasangre que te hacés en la góndola del súper y la concentración monopólica que unos picarones generan en nuestro suelo. Florencia (33), investigadora del CONICET y docente, retoma la idea que Marcelo ya había esbozado: no se habla de “hechos” de corrupción, así, en general, sino que se los ata a ciertos funcionarios, con nombre y apellido, casualmente todos de la gestión kirchnerista. “Es histórico”, resumía Valentín, y Andrea, la astróloga, rememora el mito de Prometeo, hijo de Zeus, ladrón del fuego de los dioses que llevaba luego a los humanos. Fue castigado, evidentemente. Y también podríamos hablar del octavo mandamiento, y de todos los versículos del antiguo testamento que hablan del robo, el hurto y la defraudación. ¡Marche ahí un ADN de civilización occidental! “Moral viene de ‘mores’, que significa ‘costumbre’ en latín”, explicaba Virginia, tratando de contextualizar los lamentos de su padre. Ella refuerza esta idea de que hay algo que los pueblos occidentales llevamos en la sangre: una mentalidad, tal vez, que tiende al individualismo.

Pero no me quiero olvidar de algo: Alejandro dijo “esencia”; dijo que los hechos de corrupción “golpean a la esencia del movimiento”, sí señor, y eso se parece bastante a lo que su tocayo había expresado que entendía por corrupción: “Esencia quebrada, traición a la esencia”. ¿Será que entre Alejandros se entienden tan bien como entre los hinchas de River? Pero veamos qué más decía el bioquímico: “La enorme mayoría de los actos de corrupción no salen a la luz. Cuando una olla se destapa es porque hay una maniobra política y porque alguien está sacando un beneficio de esa información que se ventila. El pacto de silencio se quiebra y el rédito se lo lleva el otro; lo que subyace ahí es la capacidad política de uno y otro bando para exponer a sus opositores, manteniendo tapados los asuntos propios”. Alejandro sugiere que siempre que veamos en los medios de comunicación ventilar algún hecho así, al margen del acto de traición señalado, cabría preguntarse quiénes son los enemigos del personaje expuesto y qué es lo que ahí se está intentando cocinar. Eso, claro, si es que el telespectador tiene algún interés efectivo de comprender la realidad.

Rentabilidad pura: si la economía vigente persigue la maximización de la ganancia, ¿por qué no puede hacer lo mismo la política? Agustín, el ingeniero de 29 años, lo explica como lo haría un ingeniero, planteando un esquema de tres patas que resulta beneficioso para todas las partes intervinientes: el gobierno lo usa para polarizar con la oposición, evitando hablar de su gestión; la oposición retruca con el mismo método, mostrándose como alternativa política pero sin aclarar la parte que le toca; y los medios te la mandan a guardar con un Hollywood argento que está de guardia las 24 horas. Hugo, periodista de Sudestada, le pone nombres propios a la ecuación del ingeniero: explica que Cambiemos le está dando a su electorado su bocado favorito: circo mediático y opositores presos o con severos problemas judiciales: “El fantasma de la corrupción K es la única fortaleza que tienen para ganar las elecciones de 2019, considerando que la sociedad ya no los respalda como antes y que su poder de convocatoria es nulo por debajo de la franja de los 65 años”. 

Si nos vamos un toque hasta abril/mayo de 2000, tenemos que ambas cámaras sancionaban la 25.250, Ley de Reforma Laboral de un gobierno aliancista que habilitaba los convenios por empresa, ya no por rama o actividad. Eso, entre otras barbaridades que estaban sobre la mesa. De la mano de un joven y robusto Hugo Moyano, que en esa coyuntura jugaba un rol de Carrió morocha, saltó la ficha de los sobornos que habían recibido ocho senadores justicialistas. La maniobra fue negada sistemáticamente hasta el año 2012, cuando se los declaró absueltos y la causa voló voló. Mario Pontaquarto -Secretario Parlamentario-, el ex Ministro de Trabajo Alberto Flamarique y un capanga de la SIDE, Fernando De Santibañez, fueron los nombres asociados al chanchullo de un gobierno que no tuvo ni los músculos ni los huevos para aplicar un plan económico progresista, y que ahí mismo vio desmoronarse esa fachadita pedorra que pretendieron construir, con discurso de moralina, apartándose de la parranda menemista. 

Culebrón de meses en las páginas de los matutinos, hasta llegar al caluroso diciembre de 2000, cuando un ya viejo Joaquín Morales Solá escribía en el editorial de La Nación: “En aquellos instantes del gobierno aliancista, tres hombres importantes (Carlos “Chacho” Álvarez, José Luis Machinea y Roque Fernández) del nuevo poder comentaban entre murmullos que en el Senado existía un ‘sistema’, y que los senadores acostumbraban recibir prebendas y canonjías a cambio de leyes”. 

Sí: el mismo tipo de barbita y anteojos que explica la corrupción K como un plan orquestado por las mentes siniestras de hombres y mujeres que asaltaron el Estado, decía en ese entonces que las coimas de la Reforma Laboral representaban la triste cara de un sistema que sobrevivía a todo, como las heladeras Siam y las pilas Eveready. 

Nos abruma un poco el asunto, che. Es que a la final tiene razón Celeste, politóloga de 35 años: “Hacen circo con detenciones y allanamientos y en tanto cierran las pymes, la gente se queda sin laburo y las universidades públicas no se pueden sostener. Para ser como Roma, les estaría faltando la parte del pan”. Y sí, también hay que darle la derecha a Andrea, cuando expresaba que los diarios y la tv son tajantes con estos asuntos, que el mensaje es claro y que, detrás de eso, lo que se pretende es que el ser humano ya no tenga acceso a las necesidades básicas: que no se pueda abrigar cuando hace frío, que no tenga alimento suficiente para sus hijos y que no pueda educarse colectivamente. Pero, como todavía faltan un par de entregas de este informe y no queremos apresurar desenlaces, y como intentamos buscarle la vuelta al asunto para no tropezar con los pozos depresivos que la posmodernidad nos tiende detrás de cada esquina, les compartimos un par de versos de una bella pieza de rock and roll, y que el periodismo operador ahogue su amargura en un vaso lleno de nada.

“Y se murmura que pronto, 
Si todos llevamos la batuta,
El flautista nos conducirá a la razón.
Y un nuevo día nacerá
Para aquellos que resisten,
Y el bosque devolverá un eco de carcajadas”.

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