El factor Majul

Acabo de cometer una locura. Casi un ilícito. Vi por segunda vez, porque ya la había visto anoche, la entrevista que Sergio Berni le concedió a Luis Majul. Y no lo digo por Berni, sino por el otro personaje en cuestión, disfrazado de periodista. La visualización de una entrevista televisiva protagonizada por Majul lo pone a uno cerca de la ruina mental. No quiero ni pensar lo que debe ser estar en el lugar de su contendiente.

Tengo muchos problemas, intentando elaborar en mi cabeza las ideas para volcar en esta nota. El primer problema surge de la imposibilidad de analizar sus actings como un material periodístico. Creo que la mayoría de ustedes, quienes vayan a leer esta nota de opinión, sabrán que lo que hace Majul no es periodismo, y tampoco es una payasada, porque el trabajo de los payasos es mucho más serio y honorable. Pero, quiero decir, ustedes no precisan que yo les esté advirtiendo que eso no es hacer periodismo. Ya lo saben. Y si hubiera algún desprevenido, bueno, sacará sus propias conclusiones. Pero, preciso sacarme este peso de encima para seguir adelante con mi escrito: no es posible abordar seriamente algo que carece de seriedad por donde se lo mire.

Sinceramente, pienso que el único fin que persigue el programa conducido por este personaje singular, es que, alguna vez, si tienen suerte, uno de sus entrevistados pierda el eje, se deje ganar por la ira y reaccione contra su humanidad, ya sea física o verbalmente, ya sea en medio del reportaje o bien detrás de cámaras. Pienso que está todo orquestado de modo tal que, cuando eso ocurra, será fielmente registrado, y luego utilizado políticamente para ya sabemos qué. Majul es simplemente un hombre que está ahí intentando por todos los medios que esto acontezca. Gana su buen dinero a cambio de provocar una y otra vez el recibimiento de un agravio que lo deposite a la postre en la vitrina de la víctima, desde donde declarará que cómo puede ser la violencia de estos tipos.

Con Berni no tuvo suerte, porque si hay algo que Berni sabe hacer es no perder la compostura. No está en el ánimo de esta nota avanzar en la opinión que tenemos sobre el Ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires: eso bien podemos dejarlo para otra oportunidad. Sí diré que, en el marco de este reportaje y frente la inevitable chicana de Majul, respondió honrosamente acerca de lo que significa el Frente de Todos y acerca del respeto político que le guarda a la figura del Presidente Alberto Fernández. Sergio Berni no perdió el eje frente a la ofensiva discursiva de su entrevistador, que arrojaba sin pudor frases de este calibre: “Cuando le desarman el discurso, usted le dice al otro que está enojado. Cálmese un poquito usted. ¿Está calmado?”; “¿Se entendió eso o le hago un cuadro sinóptico?”; “Dicen una cosa y hacen otra, todo el tiempo. Yo se lo digo en la cara, no hay problema. Venden, venden, venden”; “Es un gran comentarista, pero, ¿y usted qué hace? (…) yo también trabajo todos los días. El suyo no es muy efectivo”.

Veánlo ustedes mismos, si tienen ganas y buen temple. El material completo está colgado en la plataforma de YouTube.

No hay que tener el Premio Nobel en casa, para advertir que eso no es periodismo. Me veo tentado a decir que “en ningún país serio” estas cosas pasarían desapercibidas, pero, a esta altura del partido, sabemos también que efectivamente hay majules en todas partes, incluso en la Vieja Europa. La pregunta sin respuesta es cómo se resuelven estos asuntos tan escurridizos, tan grotescos y nocivos pero al mismo tiempo intocables. Yo no lo sé. No sé qué aspectos de la fallida Ley de Medios podrían retomarse, en el marco de un debate renovado, y no sé tampoco cuáles son las regulaciones que, desde la órbita estatal, se podrían promover. No sé nada, bah. Lo único que intuyo es que, ante la sola tentativa de modificar las reglas del juego, nos encontraríamos nuevamente frente a la encrucijada de las protestas y las advertencias de que está en juego la libertad de expresión y de que el gobierno pretende derrumbar los bastiones sagrados de la democracia. De la democracia que les conviene, huelga la aclaración. Bueno, muestra de esto tuvimos hace poco, con las reacciones en cadena que se produjeron tras el proyecto de expropiación de la empresa Vicentin.

Difícil todo. Muy desgastante. Esa templanza que mostró Berni, para no caer en las fauces de Majul, es una virtud que muy pocos compañeros pueden tener, sentándose frente al enemigo y soportando estoicamente sus hostilidades. Nos queda aferrarnos al hecho de que efectivamente está declinando el rating de estas propuestas mediáticas repulsivas, como son los programas que comandan Majul o Leuco. El debate de ideas políticas está en otro lado, no ahí. Nunca ahí. Si prospera la reforma judicial que presentó ayer el Ejecutivo, será una esperanza para pensar que en algún momento pueda avanzarse también en esta tan necesaria regulación mediática. Dos de las serpientes en la cabeza de esta Medusa, que nos convierte en piedra cada vez que la miramos.

Majul es corrosivo. La presencia de estos personajes al frente de franjas horarias muy visitadas de la televisión, le inflige un desgarro a la comunidad. Su rapiñaje en busca de una reacción inapropiada es desesperado, y le pone los pelos de punta a cualquiera que esté atestiguando eso detrás de la pantalla. Mueren y matan por la grieta, y les resulta fácil, porque están parados en el lugar más cómodo, que es el de la provocación constante y el de la victimización a flor de piel. Todo el peso recae sobre las espaldas de quienes intentamos, a toda costa, desactivar las alarmas de esa práctica social y política cuyos ganadores son y serán siempre los que conspiran en la vereda de la sombra.

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