La lucha de Mujica

“Me está echando la pandemia”, afirmó el Pepe Mujica. Mi uruguayo preferido renunció a su banca de senador, en tiempos de COVID-19. Lo hizo junto a Julio María Sanguinetti, otrora presidente y archienemigo del Pepe en el Partido Colorado.

Mujica tiene 85 y padece una enfermedad inmunológica. Lo que no pudo la cárcel entre 1972 y 1985, trece años de sometimiento dictatorial a un pozo sin luz y a vivir en la inmundicia, lo pudo este entuerto que no podemos ver pero que ni falta le hace que lo veamos, para cargarse 400 mil contagios y 6 mil muertes diarias a lo largo y ancho del globo.

El Pepe deja el Senado diciendo que ser senador es “hablar con la gente y andar por todos lados”. El mismo que hace cosa de 25 años, siendo diputado, había manifestado sentirse como “un florero”. Siempre auténtico el viejo, en un mundo donde reina el cassette, lo políticamente correcto, las formas antes que el fondo y la frivolidad de no sé qué. Mujica puso lucidez y más de una vez pateó el tablero, que es más importante todavía.

Esta mañana le preguntaron por radio sobre el aporte a las grandes fortunas en la Argentina y el ejemplo que debería darse desde la política. Respondió que tienen que poner desde los dos lugares. “El tajo en Argentina es muy grande y es importante predicar con el ejemplo. Quienes se dedican a la política no tienen que soñar vivir como unos pocos, sino que tienen que vivir como viven millones”. Eso dijo hoy, en el fragor de su último día al servicio del pueblo, pero lo había dicho tiempo atrás con mucha más facilidad: “Si te gusta mucho la guita, no hagas política hermano, porque la política es sagrada”.

Bueno, Mujica renuncia al Senado, pero no a la política. Seguirá en el MPP, en el Frente Amplio o vaya a saber dónde. Porque la cosa es como dijo el hada rubia durante su recta final: “Renuncio a los honores, pero no a la lucha”. Y así será también con el Pepe.

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