Lacán, Lacán, qué grande sos

Hace diez días, se lanzó en la cancha de Ferro el Frente Sindical para el Modelo Nacional, esto es, una herramienta de trabajadores organizados que intentará, como tantas otras herramientas de trabajadores organizados, poner un freno al gobierno. Bien. Se hicieron presentes en el acto algunos dirigentes de peso, pero nosotros nos queremos detener en la intervención de Sergio Palazzo, Secretario General de la Asociación Bancaria, uno de los compañeros que con la paciencia de la araña han venido entretejiendo algunos nucleamientos necesarios, y que hoy, sirviéndose de la renovada vitalidad de los Moyano, abren un espacio a las Mujeres Sindicalistas y permiten imaginar la preciada reunificación de las centrales gremiales más importantes del país. 

Esto ocurre en el marco de los tironeos políticos para ver si el Congreso le aprueba o no le aprueba el Presupuesto 2019 a Cambiemos. Mientras tanto, Macri aprovecha una de sus generosas conferencias de prensa semanales para deleitarnos con un discurso claramente inspirado en un hitazo de los Deca: “Sigue tu camino sin mirar atrás, no busques la calma, no existe la paz”. Bué. Dejando de lado las apariciones públicas del presidente, queremos resaltar una data que tiró Javier Lewkowicz, colega de Página/12: en los hogares de casi 14 millones de compatriotas no se llega a las 13 lucas de ingresos, cuando la temperatura marca que la canasta básica está rondando las 20, sin contar el alquiler. 

Eso sí, después están los que gritan que “¡de la crisis se sale laburando!” y se golpean el pecho como sintiéndose orgullosos de su patriotismo. “¡Estos tienen fuerza para piquetear pero no para ir a buscar laburo!”, comentan en el bar de la estación de servicio mientras miran la tv. Esas también son expresiones de la pobreza estructural que sufrimos como sociedad, al margen de la guita que efectivamente a mucha gente no le alcanza. Habrán visto también el nuevo hit publicitario que lanzó Presidencia de la Nación: otra visita espontánea de Mauricio, esta vez con Antonia, a una pizzería atendida por una pareja que no pudo creer, créanme que no lo pudo creer, cuando lo vieron entrar a la cocina. Le convidaron no sé qué y le pusieron ojitos cuando el sujeto bromeó sobre lo osades que fueron al abrir el local en estos tiempos, sabiendo que se viene una recesión. Pero los optimistas sonrieron y respondieron que el que no arriesga no gana, que de esta salimos juntos, y otras pavadas que ya conocemos de memoria.

Pero ahí está el amigo Palazzo, mendocino que peina canas, frente a unes 3 mil trabajadores que se acercaron hasta Caballito, en un acto de entre tantos que ha habido y tantos que habrá. El dirigente bancario se refería en su discurso a algunos de sus colegas: “Si dicen que están del lado de los trabajadores, no se escuden entonces en la falsa ética de la responsabilidad de conducir y gobernar, para terminar votando lo que el Poder Ejecutivo quiere. No se trata de ser opositores en los medios y levantarles la mano en el Congreso. Si son opositores, vayan y voten en contra del Presupuesto”.

El hombre de la tierra del vino enumera la listita discursiva del “buen opositor”: que se critica la falta de soberanía y la rendición ante el fondo, que se habla de las divisas y de la tasa de desempleo, que se dice que faltan los remedios y que quitaron las pensiones por discapacidad, que la inflación, que la devaluación y que blablablá. Y al toque te explica que la reparación histórica esconde uno de los grandes tesoros que encandila a los piratitas: la liquidación del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de ANSES. 

Nada nuevo bajo el sol. Los bombos resuenan, la temperatura en alza como la moneda y el tipo que va entrando en calor. “¿Por qué nos pasó lo que nos pasó?”, se cuestiona, y luego arriesga una reflexión acerca de la lógica “amigo-enemigo” que evidentemente no funcionó. Y en eso se nos vino a la cabeza una entrevista que La Nación le había hecho a Palazzo allá por mayo de 2015, cuyo título era más bien tirando a conciliatorio: “Kicillof es un gorila, encabeza una avanzada contra los sindicatos”. Por supuesto que la encontramos enseguida, dado que el equipo de producción del viejo TVr no nos llega ni a los talones.

En la nota, Palazzo decía que no estaban dispuestos a “someterse como corderos” a la pauta salarial oficial y criticaba con dureza al gobierno kirchnerista por presionar para que las paritarias cierren al techo que ellos creían prudente. En el epílogo del reportaje, se expresaba así: “Lo que quieren es que se desarme el pensamiento que vos tenés formado. Pero, si estás convencido de lo que hacés y tenés el apoyo de tus compañeros, tenés que seguir. Y por último: criticando también se ayuda al gobierno. No sirve decirle a todo que sí”. 

En Ferro, el bancario refuerza aquella definición, acaso cuestionable por haber sido esgrimida frente a un micrófono inconveniente. Hoy, desde la vereda de enfrente pero al mismo tiempo desde el mismo lugar, sigue diciendo lo que piensa: “Cuando somos críticos de un gobierno popular es para discutir la distribución del ingreso, no porque seamos opositores”. Tormentosa primavera de 2018. Palazzo se aproxima a sus estrofas finales admitiendo la necesidad de discutir (toda) la corrupción y de ubicar las controversias en el marco de la grieta más tangible: la que separa a quienes llevan un plato de comida al hogar los 30 días de quienes llevan hasta donde les dá la nafta. Y ahí se produce el momentum. Y ahí viene la razón esencial de esta nota no tan periodística: el hombre conduce su mirada férrea a la tribuna y expresa a la multitud que eso de andar queriendo encarcelar a dirigentes políticos (CFK), gremiales (Moyano) o sociales (Grabois) es “el objeto de deseo lacaniano de algunos hombres del poder”, que, en el fondo, lo que quieren encerrar son las políticas de justicia e inclusión que ejecutaron los gobiernos populares. Listo, dejá Palazzo, ya nos caímos todes de orto.

Ok, unes amigues de la psicología (tenemos amigues de todos los rangos) ya nos explicaron que, en realidad, no estuvo bien aplicado el recurso del bancario: Lacan decía que el “objeto de deseo” no es deseable por ninguna cualidad intrínseca que pudiera tener, sino por ser deseado por otros. En este caso, podríamos decir que Macri desea la popularidad que en su momento deseó (y conquistó) Cristina Fernández. Entonces, si esto fuera así, ¿por qué querría encerrarla? ¿Qué rédito le daría eso?

A nuestres amigues decimos gracias por la claridad de siempre, necesaria para comprender, para pensar. Pero, ahora que ya nos pusimos al día con el conocimiento, declaramos abiertamente que no nos interesa que el compañero haya pifiado una tecla. Es como el violero que en el fragor del recital se manda al frente para meter un riff y por ahí clava mal una nota. Parte del público se dará cuenta, pero lo que importa en este mundo, por momentos horrible, no es la precisión ni el virtuosismo, sino la presencia y la actitud de querer romper con el letargo y la mediocridad.

Está bueno asumir lo nacional-popular, la pertenencia ontológica a un campo en pugna, pero más noble todavía es enriquecer la mirada y los pensamientos de les trabajadores, repartiendo una baraja diferente, como hizo Palazzo, plantándoles una inquietud. Santoro se preguntó hasta el cansancio por qué “lo popular” es ascetismo, humildad y sacrificio, y no otra cosa. Evita dijo en Mi Mensaje: “Yo también me vestí con todos los honores de la gloria, de la vanidad y el poder. Me dejé engalanar con las mejores joyas de la tierra. Todo lo que me quiso brindar el círculo de los hombres en que me toca vivir, lo acepté sonriendo, ‘prestando mi cara’ para guardar mi corazón. Sonriendo, en medio de la farsa, conocí la verdad de todas sus mentiras”. 

Sergio Omar Palazzo apoya el micrófono y el acto llega a su final. Puede que algún día encabece la central obrera unificada de todes les trabajadores, ¿chi lo sa? Pero, lo que sí se sabrá, es que, en el momento menos pensado, durante el lanzamiento de un espacio gremial, este dirigente de origen radical puso lo que tenía que poner y sentó a tomar un café a Jacques Lacan con Eva Perón, en la mesa de una cafetería que estaba llena de laburantes.

Cinesias Entreating Myrrhina to Coition, Aubrey Beardsley

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