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El laberinto del sueño

#HistoriaOral
#EstoPasóenlaRadio

Tiempos de grietas, bigdata, posverdad. Ya lo sabemos. Relatos amuchándose bajo el paraguas del no-relato que, según nos decían, lo cubre todo. Ya se cuchichea, entre pasillos, lo que vendrá después de la posverdad, como si fuera el trailer de una película desopilante que nos tiene a todos como extras -en negro, ad honorem-. Los medios de comunicación, más atomizados que nunca, levantan curiosidades de las redes y con eso te arman el paquete de noticias semanal. Muchas veces, esas noticias no las encontrás en la sección “redes sociales”, sino en “sociedad”, o directamente en “política”. La coyuntura nos está pasando por encima. Desde Noticias de Ayer resistimos la marejada con lo que llevamos puesto, cayendo por momentos en los mismos vicios y después intentando recuperar algo del oficio perdido. En nuestro último programa de radio, por ejemplo, estuvimos charlando con Laura Benadiba: ella es docente e investigadora, preside la Asociación Civil “Otras Memorias” e integra el Programa de Historia Oral “Raíces Docentes”. Queríamos, claro, que nos dé una mano, para poder seguir haciendo pie en este Cambalache del Siglo XXI.


Tenemos bastante claro que “La Historia” no está sentadita en el cordón de la vereda, esperando que nos acerquemos para contarnos cómo fueron las cosas. Tampoco la vamos a encontrar, con moño,  en los archivos polvorientos de ninguna biblioteca. Por lo pronto, digamos que no hay una historia, sino “historias”, en plural, que son estas reconstrucciones que hacemos, desde el presente, para conocer -o para armar relatos- sobre aquel pasado de dónde venimos. Y esas muchas historias hacen nuestra memoria, que no ocurre por un choque de conexiones neuronales, sino que se va organizando -y renaciendo- a raíz de la dificultosa vida colectiva que llevamos. Como dice siempre en las aulas Pablo Pozzi, historiador de la UBA -comparte campo de estudio con Laura-, “la memoria es relación dialéctica entre pasado y presente; es un proceso activo de creación de significados, y no un depósito pasivo de hechos”.


En el programa, Laura decía que todos los gobiernos “tuvieron, y tienen, su historia oficial”. En 2004, Néstor Kirchner inauguró el Museo de la Memoria, en el predio de Núñez que, durante la dictadura, había sido el mayor Centro Clandestino de Detención de nuestro país. Cambiemos, por su parte, debutó en la temática de los Derechos Humanos de la mano de Darío Lopérfido, cuando, allá por 2016, afirmara que no fueron 30 mil, los desaparecidos. Este mismo año, sin ir más lejos, un diputado que responde a la Doctora Carrió presentó un proyecto de ley para que la expresión “30 mil desaparecidos” ya no vuelva a usarse oficialmente, en el marco de los tres poderes de la Provincia de Buenos Aires, pues considera que “violenta los valores de la verdad y de la libertad”. Sí, cada cual con su librito.


¿Qué tiene que ver esto con la historia?, nos preguntábamos, y Laura nos explicaba, con mucha paciencia, que la Historia Oral es, de hecho, una metodología para reconstruir nuestro pasado a partir de las experiencias de la gente común, “tanto de personas que vivenciaron el proceso histórico que nos interesa, como de otras que no lo vivieron pero tienen una opinión sobre él”. Ahí mismo, mientras la historiadora se explayaba sobre las diversas maneras de indagar en un pasado que tiene tantas caras como el presente, a Florencia, co-conductora del programa Noticias de Ayer, la atravesó un recuerdo personal. Vamos a dejar que lo cuente ella, en primera persona:


“Se llamaba Inés, y era amiga de mis tías. Militaban juntas en la Federación Juvenil Comunista. Tenía el recuerdo de haber oído mil veces el relato del día que la secuestraron, mientras viajaba en el colectivo 187. Durante mi infancia, escuché muchas historias cercanas de asesinatos, torturas, desapariciones. Era julio de 2016, cuando me encontré con un posteo en las redes, sobre una baldosa conmemorativa que habían colocado en su nombre, en alguna calle de Urquiza. No entendí nada. Inés, para mí, no solo vivía, sino que había declarado en el Juicio a las Juntas. Estaba segura de eso: lo había visto con mis propios ojos. 


Me asusté, sentí miedo, porque te da miedo cuando te parece que te están cambiando la historia. Tuve que sacarme la duda, y enseguida la llamé a mi mamá para preguntarle si la Inés de la baldosa y la Inés del 187, eran, efectivamente, la misma persona. Y sí, las dos eran la misma Inés. Preocupada por los laberintos de mi mente y por los pozos de mi memoria, con el tiempo traté de reconstruir mis propios recuerdos. Lo que yo había memorizado -y naturalizado- era la declaración de una mujer, que había sido testigo del caso de Inés. En la necesidad humana de hacer menos terribles esos relatos, se ve que la coloqué a Inés en el cuerpo y en las palabras de esa mujer. En fin, por qué no pensar, sentir, soñar, imaginar, que la historia y la memoria de ese secuestro, la terminamos reconstruyendo mis tías, mi mamá, aquella declarante e incluso yo, que de niña la escuché y la confundí. La perseverancia y la imprescriptibilidad de los Juicios, por supuesto, son el sostén inquebrantable de todo lo demás”.


Benadiba, como si hubiera sabido de esa necesidad de alivio que sentía Florencia, se refirió a esta movida de las baldosas -que se colocan frente a espacios que, en su momento, habían ocupado los desaparecidos-, como una manera de anclarlos en esa memoria popular que, a veces, si no la ayudamos, puede ser frágil. Laura decía, precisamente, que son métodos válidos de reconstrucción histórica, y que exceden el hecho de dejar ese objeto memorial, que es la baldosa, en una vereda de la ciudad.


Pablo Pozzi, el historiador y docente de la UBA, expresa que “nuestra oralidad dispara la memoria y sirve como fuente para lograr, entre todos y todas, una forma más acabada de entender este proceso social que habitamos”. Los juicios -que siguen adelante, porque el pueblo los avala- permiten eso: que podamos recuperar a las personas que nos fueron arrebatadas, en los cuerpos y en las voces de quienes aún las recordamos.