La falsa grieta

Están pasando cosas en Entre Ríos. Habrán leído un par de veces la palabra "Grabois", durante estos días, en los portales informativos. Habrán oído hablar del Proyecto Artigas. Y cada vez que vuelve a haber en nuestro país una disputa de poder en territorio agrario, yo vuelvo a preguntarme lo mismo. En las ciudades tenemos unos barrios más tranquilos que otros, tenemos unos barrios más periféricos que otros, tenemos unos barrios más céntricos que otros y unos barrios más picantes que otros. En las ciudades tenemos una zona universitaria, con sus estudiantes yendo y viniendo, mochilas al hombro y debate a flor de piel; tenemos una zona bancaria, con el garcaje aferrado a su maletín; tenemos un montón de parques, con pibitos creciendo libres. Los que habitamos las ciudades somos inmensamente distintos entre nosotros, pero no solo por la mierda de la grieta que nos empobrece y nos hace peores, sino distintos porque sí, distintos porque está bien, distintos porque laburamos de cosas distintas, porque nos gustan cosas distintas y porque tenemos amigos distintos. Ahora, si todo esto es así, si la ciudad es un mundo de mil mundos a la vez, ¿por qué carajo nos hacen hablar del “campo”? ¿Por qué nos hacen creer que hay un “campo”? ¿Por qué caemos tan fácil en estas trampas de la palabra que después terminan siendo mortales para nosotros? ¿Acaso cuando nos dicen “el campo esto”, nosotros respondemos “la ciudad lo otro”? No es así. ¡No existe “el campo”! Digámoslo de una vez. En todo caso nos estarán faltando palabras para decir ciertas cosas. Y en todo caso las tendremos que pensar. Pero sepamos, por lo pronto, que cada vez que nos hacen hablar del “campo”, están queriendo arriarnos como a las vacas. Y ya sabemos quiénes son esos. Porque ahí en el campo, igual que acá en la ciudad, hay mayorías sin micrófonos. Y a esas mayorías nunca las escuchamos. No conocemos su voz.

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