El hombre y la máquina

#ReformaLaboral
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Nos invade una sensación de bipolaridad: es que, hablamos de “reforma agraria” y enseguida nos visten de psicobolcheultrazurdos que atrasan cien años. Ahora, decimos “reforma laboral”, y de golpe somos la reencarnación endemoniada del Turco, el neoliberalismo y Jack el Destripador. ¿Qué le pasa a nuestros cerebritos, cada vez que la palabra “reforma” se nos incrusta en las pupilas? ¿Por qué tanta resistencia desde todos los wines? 


En el programa de radio homónimo a este portal -es decir, en nuestro programa de radio- nos estuvimos ocupando de la cuestión. Dejamos la agraria para otro momento -en la vida hay que elegir- y nos pusimos a indagar un poco en el temita de la reforma laboral, de la mano de dos grossos del sindicalismo argentino: Horacio Meguira, Director del Departamento Jurídico de la CTA, y Cristian Jerónimo, Secretario General de la Juventud Sindical de la CGT.


Primero, y como solemos decir, bajemos un cambio: estando transitando la cuarta etapa de las revoluciones industriales, se cae de maduro que no podemos andar acordando salarios y condiciones laborales con convenios colectivos de trabajo que datan de hace 40 años. Hay trabajos nuevos, muchos, y otros que ya no existen. Como dijo Jerónimo: “En nuestro gremio (SEIVARA), estamos queriendo cambiar el convenio, asumiendo el impacto que tiene la tecnología en el universo del trabajo: en algunas ramas se incrementan puestos y en otras hay quitas. Lo que necesitamos hacer es capacitar a los trabajadores para que se puedan adaptar, pero sabiendo que la responsabilidad empresarial es clave y que ‘tecnología’ no es solo más productividad, más ganancias y menos costo laboral”. Mate de por medio, Meguira tomó la posta y explicó por qué pasa, entonces, que el movimiento obrero se resiste tanto a las reformas, interpretándolas de entrada como perjudiciales para el laburante: lo que él dice, y no nos sorprende, es que todas las propuestas que llegan a tener un tratamiento legislativo, son solicitadas al Estado por los capos de las grandes empresas. 


Otra razón apropiada, para debatir en el marco de alguna reforma, es el aumento y la diversificación del empleo informal en Argentina: “¿Cómo no vamos a pensar en reformas, si un 34% de los trabajadores está en el mercado clandestino, sin poder recuperar la formalidad?”, sostuvo el abogado laboralista de la CTA. Y, como todo tiene que ver con todo, acá no entran solo los manteros y los productores de la economía popular, sino también los llamados “trabajadores de plataformas”, que andan por la vida sin patrón -como querría la utopía socialista-, pero a la vez sin aportes, sin obra social y sin licencias, como les gusta a los patrones -que en realidad sí tienen-. 


La informatización del trabajo, regalito de esta cuarta etapa revolucionaria, vino para quedarse. Y mientras la noticia es que los gremios se pelean por ver quién afilia a los amigos pedaleros, la posta es que, sin reforma, seguirán careciendo de derechos y representación. Lo mismo para la economía popular, lo mismo para los monotributistas. Aunque, si lo pensamos bien, este asunto tiene larga data: hace 30 años, ya se estaba hablando de micro-chips y de la revolución electrónica, y más de 50 pasaron desde la automatización toyotista, que amenazó en su momento con llevarse todo puesto.


En la Inglaterra veraniega de 1811, con un Viejo Imperio que ya había sido devastado por las tropas de Napoleón, un joven artesano llamado Ned Ludd se plantó frente al avance de los telares y la maquinaria textil. En una noche de furia prendió fuego y destruyó más de sesenta de estos chiches. En la Madrid de la Guerra Civil se quemaban conventos, pero, en la Nothingham de comienzos de Siglo XIX, se estilaba incendiar estas máquinas que habían comenzado a fabricar hombres desempleados por doquier. Luego de cada ataque, su grupo dejaba una nota instando a reflexionar sobre esa guerra sin cuarteles que la nueva industria había librado contra el hombre y la subsistencia.


La “reforma laboral”, entonces, tiene varias caras. Una, es la que remarca el referente de la Juventud Sindical, cuando dice que la actual propuesta del gobierno “no quiere tocar nada de los convenios, estatutos, que no le interesan las condiciones de los trabajadores ni la tecnología en el mundo del trabajo. Lo que quieren, más bien, es flexibilizar y sacarnos conquistas”. La otra cara, es la que necesitamos los trabajadores para que estas olas tecnológicas se traduzcan en mejores condiciones y no en más ganancia para los empresarios, a costa de precarización. Cuando profundizamos un toque, nos damos cuenta de que la cosa no camina por el lado de la no reforma, sino que más bien se trata de ver qué tipo de reforma, y para mejorar los derechos de quiénes. 


Siglo y medio después del Movimiento Ludista, en 1984 -para ser precisos-, el argumento inglés era ganado por la pantalla grande, en ese clásico mundial de la ciencia ficción que fue Terminator. Schwarzenegger, Sarah Connor y la resistencia humana frente al avance de la robótica. Los hombres metálicos habían sido enviados desde el año 2029, un futuro demasiado lejano, que cada vez está más cerca. Así las cosas, ¿seremos capaces de llegar a la era de Terminator, con una solución humana y productiva, en el marco de esta disputa histórica?

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