©2019 by Noticias de Ayer

Escobas, alquileres, injusticias

#LeydeAlquileres
#EstoPasóenlaRadio

Cerrando el 2019, una nueva versión de la Ley de Alquileres surca las aguas del Congreso Nacional en busca de ser aprobada. Ya recibió 191 votos en Diputados y aguarda el sí de la Cámara Alta, en una nueva batalla entre los 8 millones de inquilinos e inquilinas que buscan Justicia Social y un puñado de inmobiliarias -¿todas estarán tan férreamente opuestas?- que exponen su temor como si se enfrentaran poco menos que a la colectivización forzosa del stalinismo. Una de esas voces fue la de Eugenio Dimier, que, en su columna de La Nación, titulaba “Pena de Muerte al mercado de alquiler”. En esas líneas, sugiere que, “como cada vez que el Estado se entromete en la actividad privada, arruinará un mercado que, mal que mal, funciona”. Sic Sic. 

 

En Noticias de Ayer, somos especialistas… en consultar a los que saben. Por eso, hace unos días charlamos en una entrevista radial con Fernando Muñoz, ex Diputado de la Ciudad de Buenos Aires y Defensor del Inquilino, una sub-área de la Defensoría del Pueblo porteña. Repasando los vericuetos del nuevo proyecto, entre expensas extraordinarias, contratos que se extienden, garantías, comisiones y depósitos, Muñoz se ofuscó y mandó misil lanzallamas a los detractores del proyecto: “La vivienda está dolarizada en nuestro país desde 1976, y la consecuencia de esto es que hay un sector social que no ha dejado de ganar dinero a costa de otros. Le sacan dos, tres vueltas, al Estado, y resulta que cuando nosotros queremos achicar la distancia, aunque sea dos metros, nos salen a matar. Argentina está 40 años atrasada en su legislación de vivienda: esa es la realidad”. 

 

Cuando se discuten leyes de este calibre, el tinte ideológico salta a la vista y se te incrusta en los ojos. Si no, miralo a Don Dimier, y si tenés cinco minutos, leete su editorial, en el diario de Bartolomé Mitre. La semana pasada, no solo se le dio cauce a esta Ley de Alquileres, sino que también se logró avanzar con el proyecto de una Ley de Góndolas, para desconcentrar un poquito ese supermercado que, cuando vas a hacer los mandados, te da dos opciones por producto -y si hay una tercera, seguro es una segunda marca de alguna de las primeros dos-. Dos medias sanciones a favor del Pueblo, ¿les habrá agarrado viruela a los/as Diputados de Cambiemos?  

 

Volviendo al complejo mercado inmobiliario y al problema del Techo que afecta a todos los centros urbanos, como esta Ciudad, reparamos -porque nos encanta meter la cuchara en el pasado- en que estas luchas de inquilinos agrupados son bastante más antiguas que la burbuja inmobiliaria, las privatizaciones y la dolarización de Martínez de Hoz. Uno de sus hitos fue en el lejano 1907, conocido como la “Huelga de las Escobas”: una eclosión que movilizó 30 mil obreros y puso en jaque 100 casas de inquilinato, más conocidas como conventillos.

 

Para quien se sienta medio arafue de estas líneas, aclaramos qué es esto de la Huelga de Inquilinos. Cuenta el historiador Juan Suriano, especialista en el movimiento anarquista, que “al comenzar 1907 se produjo un fuerte aumento de los impuestos municipales y territoriales, que los propietarios de casas de inquilinato trasladaron de inmediato a los alquileres. La Liga de Inquilinos sugirió a los locatarios que no se pagaran los arriendos hasta tanto no se suprimiera el aumento. En los últimos días de agosto, los inquilinos del conventillo “Los Cuatro Diques”, la propiedad de Pedro Holterhoff que estaba situada en la calle Ituzaingó, se declararon en huelga y presentaron un pliego de condiciones exigiendo la rebaja del 30% de los alquileres, la supresión de los tres meses de depósito y flexibilidad en el vencimiento de los pagos, así como también sustanciales mejoras sanitarias”. Organización popular, ayer frente a los Holterhoff, hoy frente a Dimier y los discípulos tardíos de Álvaro Alsogaray, desde un espacio específico -Inquilinos Agrupados- del riñón de la Defensoría del Pueblo.

 

Pero, no en todo hemos resistido esas pisadas de elefante. Suriano cuenta también que, en esos meses de revuelta popular, cuando la policía lograba un desalojo o alguien ya no podía seguir pagando, esas personas casi en situación de calle no llegaban a serlo: la solidaridad vecinal les abría la puerta de otro conventillo y así, de paso, garantizaban juntar más fuerza para la lucha, de esa que se amontona cuando hay contacto visual y corporal de esos “otros”, que son uno mismo. Hoy, en esta Ciudad de propiedad concentrada y timba en forma de metro cuadrado, ese “otro” ya no es “nosotros”. En el instante que tardó en cruzar el umbral de su ex hogar, con su caparazón y alguna que otra pertenencia a cuestas, ya se transformó en otro “otro”, indigno de la solidaridad vecinal y parte de la “inseguridad”. Nos comimos el verso y nos convencieron en cuerpo y alma de que el enemigo duerme en la vereda, mientras que los responsables de que duerman en la vereda van tranquilos por la vida, sin nadie que se les indigne. “Vamos a agarrar las escobas, para barrer con las injusticias”, exclamó Miguel Pepe, joven luchador, antes de ser asesinado por el poder económico hace más de cien años. ¿Cuándo será que las volveremos a agarrar? 

 

Ayer fiebre amarilla, sin cloacas y hasta 15 o 16 personas en habitaciones mínimas; hoy, subalquileres de piezas en villas, 25% de viviendas vacías y miles de personas durmiendo en las calles mientras que las más afortunadas usan 1 de cada 2 pesos que ganan en pagarse su alquiler. Seguro, seguro, segurísimo, alguien gana en todo este juego. Pero, ¡le seguimos creyendo al amigo Dimier! Antes de cerrar la nota, nos topamos con el último informe del Colegio de Escribanos de la Ciudad, que dice que 2019 es uno de los peores años de la serie histórica, con menos de 400 escrituras formalizadas con hipoteca bancaria. Ah, pará, entonces, ¿ni los dueños hacen negocio? No más preguntas, señor Juez.