En nuestras manos

#TrabajoenCuarentena

La pandemia del Covid-19 sigue soplando en todos los puntos cardinales y promete pasarse entre nosotros una buena temporada, mientras buscamos -los que saben- neutralizar sus efectos. Como si fuera poco la catástrofe sanitaria, despunta una profunda crisis económica a nivel global. Vale decir que la crisis antecede a la pandemia, si bien ahora se aceleran sus consecuencias. Ni siquiera los países desarrollados, que inyectan millonarias partidas de recursos en sus economías para amortiguar el impacto, logran sortear el paso devastador de esta enfermedad.

China, cuna del virus y locomotora del desarrollo capitalista, proyecta que se demandarán años de esfuerzo hasta retomar la senda de crecimiento a tasas como las que acostumbraba. Estados Unidos sufre su peor recesión desde la crisis del ‘30, cuya consecuencia directa y más notoria es la cifra de 40 millones de trabajadores desocupados. Alemania, en tanto, acude al rescate de sus empresas con un plan de salvataje estatal.

En Argentina la situación es similar, pero las consecuencias, siendo la nuestra una economía dependiente y atrasada, tienden inevitablemente a ser más profundas, a pesar de los esfuerzos del gobierno por compensar la abrupta caída a través del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), destinado a sectores sin ingresos registrados, y la Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP), transferencias directas del Estado al capital privado para hacer frente al salario de los trabajadores y las trabajadoras.

En el plano político, el ejecutivo impulsó, junto a la pasiva conducción cegetista, una pretenciosa ley anti-despidos, pero lo que ocurre finalmente es que los despidos solo son evitables en el terreno de la acción directa y de la organización de los trabajadores. Se desplegó, también, una tibia retórica “tribunera”, que poco efecto tuvo, apuntando sus dardos contra Paolo Rocca y su grupo Techint.

Las patronales, dispuestas a no resignar un centavo de sus ganancias, arremeten por distintos frentes contra los derechos de la clase trabajadora. Despidos, suspensiones y rebajas salariales están a la orden del día. Los sectores más afectados son aquellos cuyos convenios colectivos hacen gala de la flexibilización en las condiciones de trabajo, tales como Comercio, Construcción, Gastronomía y Textil, donde además se registran niveles altísimos de informalidad.

Cerca de la mitad de la población económicamente activa del país (entre 8 y 10 millones de personas), no se encuentra registrada, y ya se trate de autónomos o de trabajadores de la economía popular, siguen sin ser asistidos en el marco de las leyes laborales. Esto que ocurre debe ser una alarma para los trabajadores. Debemos asumir sin rodeos la necesidad de tomar en nuestras manos la resolución de estos problemas, afrontando las consecuencias que la crisis nos depare. La defensa y ensanchamiento de nuestros derechos, es una tarea colectiva impostergable que debe empuñar la clase trabajadora.

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