El fast food y la misericordia

#AyudaHumanitaria

El último miércoles se produjo otra manifestación de la Unión de Trabajadores de la Tierra, esta vez ya no en Constitución sino en la Plaza de Mayo, y sin ninguna represión autorizada que impida o interrumpa la protesta pacífica y el reparto de alimentos a precios razonables. Estaba fresco el papelón que había cometido la Policía de la Ciudad, un par de semanas atrás, formando un cordón para rodear cajones de verdura en la Plaza Constitución, mientras gaseaban a los productores y facilitaban el espacio para que funcionarios de Cambiemos, esos de pechera y lentes oscuros, dieran rienda suelta al famoso circo de la confiscación. Lo gracioso fue que mientras tiraban los cajones así nomás, apurados, en camionetas que después irían a parar andá a saber adónde, algunos vecinos burlaban el cordón policial y volvían a bajar las verduras para llevárselas consigo. Chaplinesca escena y una muestra cabal del caos que es capaz de engendrar este gobierno, cuyos representantes no entienden su deber pero van igual y lo hacen, con la gorra tatuada en sus cerebros microscópicos.


Pasadas las 16, en la agonía de febrero, las columnas de los trabajadores agrícolas tomaban Avenida de Mayo y avanzaban hasta la plaza, cargando cajones y bolsones a razón de 20 mil kilos de alimentos frescos y alzando pancartas que bancaban el agite político. Allí nadie negaba el carácter político del acto, ni de cara a los vecinos que se fueron acercando con el correr de la tarde, ni frente a los micrófonos que habían ido a cubrir la movida. “Unidad de los trabajadores, y al que no le gusta, ¡se jode! ¡se jode!”, viejo grito de guerra de las manifestaciones populares que tronó también en el verdurazo: asomando primero desde las gargantas de esos productores organizados que llegaban al encuentro en el centro de la Capital, y luego en las voces de toda la gente que se había acercado por cuenta propia y desconcentraba tranquila, cantando algo en lo que ciertamente creía.


Todos sabemos que el caldo está espeso en Venezuela, y encima tenemos que lidiar diariamente con la inocencia boba y poco feliz de quienes celebran la ayuda humanitaria y su aparente carácter no político. En las vísperas del “Venezuela Aid Live”, festival celebrado por el imperio para acreditar el ingreso ilegítimo de los camiones y cargamentos foráneos a través de la frontera colombiana, nuestro compatriota Diego Torres, el mismo que otrora simbolizara la esperanza del pueblo argentino, se encargó de confirmar su presencia con un video que colgó en las redes sociales. Allí decía, boba e infelizmente, que se sumaba orgulloso a un evento sin banderas políticas, cuyo único afán era el de la humanidad. Bastante grandulón, el camarada, pero, ¡qué le vamos a hacer!


Es inevitable la pregunta: ¿Por qué se alienta la entrega desinteresada de alimentos y medicamentos en el marco de lo que ocurre en Venezuela, mientras acá se reprime violentamente la venta a bajo costo (ni siquiera es un donativo) de las verduras y hortalizas, por parte de un grupo de trabajadores de la tierra? ¿Será que quienes apoyan la injerencia de los Estados Unidos, desligándola de intereses políticos, tienen una visión opuesta sobre estas pequeñas acciones reivindicadoras que ocurren en nuestro suelo? La dimensión trágica que reviste a la cuestión venezolana dificulta toda comparación, eso está claro. El solo pensar que la invasión y la guerra están a la vuelta de la esquina debe ser un factor más que determinante para nublar la mente de cualquier ser humano. Lo que busco rescatar, en todo caso, es la doble vara de un vasto sector de nuestra fauna política, y la cotidiana liviandad de pensamiento que destila la pantalla de la tv.


El fin de estas tiendas organizadas que montan los compañeros y compañeras de la UTT es, por un lado, visibilizar el conflicto laboral que están atravesando allá por el tercer cinturón del Conurbano, en un proceso productivo que enfrenta a diario numerosos reveses. Pero lo que completa el espíritu de estos encuentros es la firme convicción política de ponerse del lado del pueblo en este mal sueño neoliberal, que denigra los salarios incesantemente mientras te clava una ametralladora de aumentos que te come el bolsillo con la ferocidad de las pirañas. Entonces, ¿qué? ¿Se la vienen a dar de Robin Hood los verduleros? No, en principio porque no tienen la necesidad de teñir de épica nada de lo que hacen. De lo único que se trata (mirá qué loco) es de generar las condiciones para un acercamiento entre productores y consumidores, sorteando los infladísimos costos que se incorporan a los alimentos conforme se cuelan esos intermediarios ociosos y poco fiables, que, por cierto, el gobierno no parece controlar. Un tren con muchos vagones que pagamos, como siempre, los giles del último andén. Pero, ¡qué cosa, la patota de Moreno! ¿no?


Cuando le consultamos a Nahuel Levaggi, referente de la organización, sobre si encontraba alguna similitud entre la situación de Venezuela y la respuesta gubernamental frente a las acciones de la UTT, él afirmó que la ocupación que están intentando hacer allá, amparados en el disfraz de la ayuda humanitaria, tiene las mismas proporciones que la ocupación que hubo en Plaza Constitución, cuando mandaron a la cana a reprimir a los productores y afanarse los cajones de verduras. Y es loco que dos escenarios aparentemente afines admitan lecturas diversas y hasta contrapuestas. Pero lo que expresaba Nahuel, ahí, en el fragor del verdurazo, es sencillo: la represión local y la misericordia de frontera, son ejecutadas por el brazo de un neoliberalismo que intenta perpetrarse en la región. Y una es tan política como la otra: el embrutecimiento de la Policía y el esfuerzo para que esos cajones no lleguen a las manos de la gente, son hermanos de aquella repentina obstinación maternalista que se propone liberar al pueblo venezolano de las penurias que ellos mismos les han amarrado.


Sería interesante, desde luego, que Rodríguez Larreta o el propio Macri pudieran explayarse un tantito así sobre estos asuntos, teniendo en cuenta que twittean a menudo sobre los asuntos internos de Venezuela. Lástima que se pongan tan incómodos y visiblemente irritantes siempre que se les propone algún debate serio sobre política. Es raro, ¿no?, dado que se trata de la gente que nos gobierna. No les estaría llegando el camión de la asistencia humanitaria a ellos tampoco. Ni siquiera les dá un vientito leve de inspiración intelectual. Por cierto, enviamos desde aquí nuestras condolencias al Presidente, que tuvo que interrumpir unos días de veraneo que ya se había vuelto a tomar. “Cuenta esta vieja historia, que al final de todo algunas cosas quedan”.


Antiguo cartel soviético sobre la ayuda humanitaria de los Estados Unidos

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