El dólar está esperando el bondi en Lacarra y Rivadavia

Puse la pava a calentar y el dólar estaba a 38. Me cebo el segundo mate y ahora está a 42. ¿Es culpa mía? ¿Estoy haciendo las cosas mal? Diganmeló, ¡diganmeló, carajo!

Perdón, ando un poco alterado. Es que nos están saturando de información que muy poquitos entienden, y no porque el resto seamos todos unos pánfilos sino porque no podemos seguir el chino que nos venden y porque cada voz que aparece suma más confusión. Bajemos un cambio. Tratemos de despegar los dedos de ese loco minuto a minuto que todo lo que hace es atemorizar, y recapitulemos un poco, a ver si emprolijamos la sintonía fina y entendemos de qué somos rehenes.

Vayamos para atrás, rebobinemos la cinta: ¿Qué está pasando? ¿Por qué? Hace dos meses que el dólar sube sin parar, cuando se suponía que el acuerdo con el FMI iba a llevar alivio al mercado y qué sé yo. Parece que nos versearon, che, ¿la podés creer? Es como esos manotazos que tirás cuando te estás ahogando, que salpican un montón pero no impiden que te hundas. Y en las últimas horas esto directamente se está yendo en picada. No se abrió el paracaídas. Detengámonos un poco en dos expresiones que seguro te re contra suenan, porque a los tipitos que salen en tv les encanta decirlas, pero ninguno explica qué toronja quieren decir: déficit comercial y déficit fiscal.

La primera es una papa: las importaciones siguen siendo mayores que las exportaciones, y eso que apenas asumió este gobierno lo primero que hizo fue darles el changüí a los sojeros con el tema de las retenciones. Lo mismo pasó con la minería y con algunos productos industriales, pero hete aquí que el problema no era la falta de oferta: los que nos compraban productos antes, siguen comprando ahora, sosteniendo el precio y la cantidad. Para lo único que sirvió la quita de retenciones, en definitiva, fue para que un puñado de muchachos se quede con mucha guita que antes se usaba para otras cosas.

El tema es que la única empresa que invirtió en el país de Macri fue Flybondi, una flota aérea de bajo costo cuyos aviones te dejan más a gamba que el 36 a las tres de la madrugada. Excepto esa empresa, las multinacionales no desembolsaron un sope ni lo van a hacer, simplemente porque no saben si este ispa explota hoy, mañana o dentro de dos años. No tienen el dato, “esa te la debo”, y por las dudas la ponen en otro lado. Total, mercados hay. 

Bué, pero salgamos de acá (“¡Salí de ahí, Maravilla!”) y vayamos al déficit fiscal, así nos deprimimos en serio, a todo culo. Los laburantes, los estudiantes, los que se quedaron sin trabajo y los que llegamos a fin de mes viendo si el paquete de fideos Favorita está más barato que el Molto, estamos agarrados de las bolas por el déficit fiscal. Cambiemos sigue dándole a la matraca con que esa es la causa principal de la inflación y de paso te hablan de los últimos 70 años de peronismo (¡!). Bueno, el coso fiscal es cuando el Estado (y más precisamente el gobierno) gasta más dinero que el recaudado a través de los impuestos. Ponele que te pasa a vos: ya cobraste tu sueldo, si es que había sueldo, pero tenés más gastos que plata en el bolsillo y la heladera está pelada, ¿qué harías, fenómeno? Bueno, tenés que ver de dónde sacás la guitarra que te falta. Por ahí ya saliste a colgar cartelitos por el barrio, ofreciéndote como pintor, pero no te llamó ni Magoya porque la situación está floja para todo el mundo, entonces ponele que tomás un poco de coraje y salís a chorear una farmacia, qué sé yo. Sino, la otra es agarrar un “crédito” de Efectivo Sí, que nada más te pide el documento pero te clava un interés que si no te querés matar esta noche, te querés matar mañana cuando te levantes.

Que quede claro que el que se está manejando como el culo no sos vos, es el Estado. Digo, porque después los ídolos te quieren hacer tragar la pildorita de que la culpa es nuestra porque encendemos la estufa. Pero, fijate esto: vos sos el Estado y tomaste deuda, una vez, para ponerte al día con ese déficit fiscal que no pudiste cancelar. Podés volver a tomar, porque se te complicó de vuelta o porque no te bancaste la abstinencia. Pero ya cuando el dealer ve que te la patinás toda, te va a empezar a pedir condiciones, no porque le preocupe tu salud sino porque le preocupa su bolsillo. El dealer del Estado es el FMI y su garantía es el ajuste, quiero decir el hambre del pueblo: de esa manera ellos se aseguran el pago de la deuda. Pero alguien tiene que perder, viste cómo son estas cosas. El tema, cuando pierde el laburante (siempre), es que baja el consumo y el país decrece, ergo, el Estado recauda menos, ergo, el déficit fiscal se agranda cada vez más. Pero ojo, porque después tenés que el FMI exige “déficit cero” para seguir prestándote guita, y ahí es cuando empiezan a pasar cosas locas, como esa vez que López Murphy pensó que ajustar en el presupuesto de la educación era una salida piola: en educación, el aspecto más esencial de la humanidad. ¿Te das cuenta de lo tristemente desafinada que suena esta orquesta? Y acá estamos hoy, con movilizaciones docentes en la calle, con miles de personas saliendo a defender la universidad pública. Y que nadie se confunda: no permitamos que nos hagan creer que los maestros tienen la culpa, o que no quieren trabajar. Si creés eso, pensalo mejor, porque te pueden estar haciendo perder el eje como persona.

Y no solo en la educación impacta el descalabro que está habiendo en la economía: ahora pretenden ahorrar metiendo mano en el presupuesto que estaba destinado a las vacunas contra la meningitis. El Ministerio de Salud ya no puede garantizar las dosis que necesita la población. Grave. Y muy triste.

Nuestro país tiene una particularidad y es que muchos precios están atados al dólar: la moneda estadounidense sube, los precios argentinos suben. Y decimos que es una particularidad porque no muchos países reaccionan de la misma manera. Razones sobran, pero no son factores fáciles de controlar. A ver: si ya venís con inflación alta, hay ciertos valores que no pueden zafar, como los del mercado inmobiliario. Y otra vez, bola de nieve. El dólar que se dispara y la inflación galopa detrás, los precios por las nubes y un salario real planchado que cada vez alcanza para menos. 

Ahora bien, si el país se está yendo a la bancarrota, si Macri ya encargó un helicóptero por Uber, es algo que nosotros no podemos saber. Y nos atrevemos a decir que cualquiera que se haga el superman y te tire “la posta” sobre eso, está chamuyando. Se huele el olor a quemado, pero el hartazgo popular no es un factor que se pueda prever. Lo único que está claro es que las políticas que lleva adelante este gobierno son muy confusas, e incluso contradictorias a la hora de comunicar a la población lo que está pasando. Tampoco hay una respuesta clara que se pueda dar frente a la corrida del dólar: intuimos que el temor de la gente empezó a jugar sus fichas en el casino del mercado, porque todo el mundo se amarroca lo poco o mucho que se tiene a mano. Eso funciona como una olla a presión que ya está abrigada al fuego. El tema es que no la están vigilando muy bien. Los muchachos se pusieron a escolasear y el agua en algún momento va a romper en hervor, y la tapa de la olla va a saltar por los aires. Y no es divertido que eso pase, porque los que están escolaseando tienen boletos de Flybondi, pero los que estábamos esperando que nos sirvan un plato de fideos vamos a terminar cagados de hambre en la parada del 36 de Lacarra y Rivadavia, entre el telo y el Farmacity, a las tres de la madrugada, esperando un milagro que no va a llegar en la puta vida. 

Lágrimas de sangre, Oswaldo Guayasamín

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