El desencuentro de los imparciales

#InformeJusticia1/2

La convocatoria de la semana pasada en defensa del Juez Alejo Ramos Padilla, frente al Palacio de los Tribunales, dejó consignas tales como “Basta de impunidad” y “La democracia está en peligro”. En una imagen de facebook, de esas que andan circulando, hay un escritorio de madera, y apoyada en el escritorio, una hoja de papel. Es una solicitada de 4 puntos: no remoción de Ramos Padilla de su cargo, proporción de los recursos necesarios para llegar al “fondo de la cuestión”, no influencia del Poder Ejecutivo sobre el Judicial y protección de la Corte Suprema al juez y su familia durante el proceso.

El fondo, no el que cuenta las chirolas que le fía a la Argentina, sino el fondo de la cuestión, guarda relación con el torrente cloacal que desató la alocución de Ramos Padilla en la Cámara de Diputados, un par de semanas atrás. Red de espionaje ilegal, funcionarios, diputados, jueces, periodistas y servicios de inteligencia. Conspiración made in Carrió: a todo culo. Ella misma, y su adlátere en la cruzada libertadora anti-corruptela, Paula Oliveto Lago, están implicadas. Pedro Etchebest, empresario rural, las ha involucrado en la causa. Marcelo D’ Alessio, el pelado que sale en los diarios, le garantiza larga vida a ese manicomio. Adentro también Gustavo Arribas, de la AFI, y la bebedora entrenada, comandante del Ministerio de Seguridad: a ambos los asesoró Marcelito durante la última visita del G-20 a la city porteña. También hay otros países que están en el bailongo: Israel y Uruguay, y como siempre, el creador del American Dream. Medios locales ablandados y periodistas (in)útiles cómplices: Fantino, Manguel, Feinmann. Natacha Jaitt y Mirtha Legrand, en el súmmum del paroxismo. Con esto tenemos como pa guionar una estilo Fellini, incluyendo ese homenaje al camarada Fidel, que fue esa exposición de 4 horas y media de Ramos Padilla frente a los diputados.

Sea como sea que acabe este film tragicómico, envidia de los amigos de I.Sat, y más allá del impacto que esté causando en el Gran Pueblo argentino salú, lo cierto es que la causa de los cuadernos del literato Centeno puso de manifiesto el grado de podredumbre de ciertas estructuras de poder en la Argentina, haciendo hincapié en una cuyo olor a caca está a la orden del día: el Poder Judicial.

“Pibe, para dedicarte a la política tenés que ser militar o abogado. Y a vos en Campo de Mayo no te veo”, le dijo Raúl Aragón, mítico rector de los colegios Nacional de Buenos Aires y Nicolás Avellaneda, a Lisandro (43), abogado y docente, que ejerce enseñando el Derecho en algunas universidades públicas y lo practica, en general, en defensa de “pobres y ausentes”, jerga callejera devenida de un cargo existente en el Cabildo de Buenos Aires, allá por los tiempos de la colonia. Según Lisandro, aquellos “no se ven perjudicados por el mal funcionamiento del Poder Judicial, sino que son víctimas permanentes de un sistema que está diseñado para perjudicarlos”. Arrancó su carrera con toda la polenta, por los albores del menemismo, pero largó al carajo antes del primer campanazo, desencantado por su escasa capacidad de transformación. “Con 25, un pibe a cuestas y varias frustraciones políticas, volví, creyendo que existían resquicios por donde poder colar un poco de defensa de las mayorías”, explica el hoy miembro de AJuS, el Frente de Abogados por la Justicia Social. Ana (56) también tuvo vaivenes: ella optó por el Derecho casi como una “consecuencia natural de la militancia del ‘83”, y como parte de un colectivo que era más idealista que otra cosa. Como si estuviera prisionera en un tango, lamenta haber creído que acercarían la Justicia a quienes nunca la habían tenido, y que todavía viven en los márgenes del Estado. Ella siente que prima la concepción de una clase dirigencial que se nutre de quienes han estudiado esta carrera, haciéndolos parte de la casta que conduce los destinos del país. Finalmente, Ana está en las puertas de obtener su título, y buscará ejercer hasta que llegue el momento de jubilarse.

Pero, como en Stranger Things, hay un “Otro Lado” de esta profesión, que es el Derecho comercial y el empresarial. En ese submundo está Facundo (30), que eligió la carrera sin ninguna clase de certezas, más bien desorientado y sin saber qué trole había que tomar para seguir. “¡Qué mal actuó ese juez!”, le espetaba a la tv, como cualquier futbolero que se siente perjudicado por un fallo arbitral. Como Lisandro, interpreta que el Derecho está adherido a un proyecto social, a una matriz ideológica, y que, “si hay cambio en la sociedad, lo habrá también en la Justicia”. Opina que la revolución feminista ha venido a cuestionar esta estructura no solo desde los números -los jueces son casi todos hombres-, sino poniendo de manifiesto que durante un siglo se leyó la norma desde el mismo atril.

La concentración en Tribunales en defensa de Ramos Padilla juntó a miles de personas que se hartaron de los Bonadío, los Stornelli, y de todos esos que trampearon hasta a Jesús, porque sí, porque se les pega la regalada gana, como decía el Chavito. Se entonaron cantitos reclamando más democracia, renovación en la Justicia, ¿y adivinen qué otra cosa? ¡República, claro! Bueno, entonces ahí debe haber estado Carrió, manifestándose. No, “la señora tenía partida de bridge”, dijo Susana Rodríguez, docente de Haedo ya jubilada.

Lo de Aurora (63) es distinto, porque ella no cree que un plato de abogacía, si fue hecho con honradez, después te vaya a hacer doler la barriga. “Sin hacer un apostolado de este trabajo -dice-, soy consciente de que en mis 38 años de ejercicio he solucionado pequeños o grandes problemas a mis clientes”. No se refiere a las cuestiones vinculadas con el Estado que brotaban líneas atrás, en el relato de Ana, pero sí a los asuntos personales, “que, a pesar de que los tiempos judiciales no siempre son comprendidos, al final se acaban saldando”. Pero, no todos los ríos han de cruzarse, y por eso aclara que “esto de la Justicia Federal lo veo como una ciudadana más: ahí es todo interés y negocio, ¿dónde quedan los códigos? ¿Qué hay de las miles de leyes que tiene nuestro sistema? Esa es una justicia política: la ley de acuerdo a cada imputado. Es asqueante e intolerable”.

Por estas horas, Don Stornelli parece un viejo bandido del oeste con el cartel de Wanted pegado en las paredes del juzgado de Dolores. Fue declarado en rebeldía por Ramos Padilla, luego de plantarlo por cuarta vez consecutiva, y la causa le tocó a un juez novato, que anda de pinche por los pasillos de los Tribunales: se llama Claudito Bonadío. Las razones de Stornelli para no declarar activan las alarmas del discurso moralizante de diarios, radios y tv: ¿Cómo joraca se puede justificar que un fiscal de la Nación se niegue a colaborar en una causa que se está investigando? Pero los argumentos de la negativa son demasiado contundentes: la defensa del fiscal esgrime que las susodichas denuncias de extorsión fueron en CABA y que, entonces, no competen a Padilla, aunque esté comprobado fehacientemente que los audios, mensajes, llamadas y hasta encuentros de café, se produjeron en Pinamar; a eso, obvio, le suman que hay una “conspiración K” que se dedica 24/7 a empiojar la impoluta causa de los Cuadernos. La cuestión es que la Justicia Federal de la Argentina dá más miedo que las predicciones de Carlos Pagni en La Nazión, y así, mientras Stornelli and company continúan su caída libre por el pozo del conejo de Alicia, lo único que nos queda a nosotros es agarrarnos del mensaje de Ana: “A pesar de las derrotas que tenemos a cuestas, todavía sigo creyendo que hay una gran batalla pendiente”. Igual, por si acaso, ya me abrí la segunda botella, mientras lo escucho al Negro Juárez, con su blanco bandoneón.

©2019 by Noticias de Ayer