Chau grieta

#PASO1/3

Estoy cayendo en la cuenta de que escribir esta nota, es mucho más complejo de lo que hubiera sido con los resultados cambiados. El discurso y los razonamientos se alinean más fácil con la derrota. Bah, quizá es algo que me pasa a mí. Puede ser. Lo cierto es que el domingo ganó contundentemente el peronismo, de la mano de Alberto Fernández y Axel Kicillof, y acá celebramos esa victoria por un montón de cosas. En algunas vale la pena detenerse, en otras posiblemente no. Por lo pronto, lo primero que debemos hacer, es asumir que no somos neutrales, porque algunos lectores quizá no lo sepan -y es bueno que se enteren-, y porque esa pretensión de neutralidad para lo único que sirve es para decir cosas de un modo solapado, lo más engañosamente posible. Si un periodista te dice que es neutral, te está queriendo ocultar algo. Acá no pretendemos contemplar la realidad desde arriba, como si fuéramos los dioses de la Verdad, sino que estamos tan parados sobre el suelo como todos ustedes. Noticias de Ayer es un medio joven, con un público en formación, con una dinámica que vamos aceitando de a poco, y detrás de este portal somos personas que pensamos, discutimos, adherimos a ideas políticas, desconfiamos de otras, etc. Lo normal. Se supone que, en un oficio como este, con más razón tienen que estar sobre la mesa esas ideas y esos pensamientos, para ponerlos en juego, justamente porque lo que intentamos hacer es comunicarnos con ustedes, tirar propuestas, reflexionar juntos. Desde su lugar, el periodismo quiere incidir en la realidad que cuenta. Lo que no hacemos acá, es manipular la información a nuestro antojo. Si alguna vez detectan un manejo tergiversado de nuestra parte, critíquennos, recuérdennos esto que les estoy diciendo.


Ganó el Frente de Todos, y lo hizo con una contundencia inusitada. Nadie se había animado a pronosticar semejante tempestad, y con razón, porque acertar esos números era tan improbable como predecir aquella histórica paliza de Alemania a Brasil en el mundial de 2014, para poner un ejemplo futbolero. Igual, las encuestadoras, que se busquen un laburo honesto, como les diría el amigo Pappo. “Nueve de diferencia es irremontable”, aventuraban los medios, la semana pasada. Fueron 15. ¿Good news? El tótem del pueblo no es la tv. Puede que en algunos segmentos de la vida política de un país, los medios se erijan como un factor más influyente -y que esa puja se vuelva más visible-, pero, lo que hoy tenemos, es que no es determinante. El poder mediático puede proponerse que un espacio político afín -a menudo de derecha- gobierne para siempre, porque le reditúa más o porque le garantiza ciertas cosas, pero, a la postre, si ese espacio político no le sirve a las grandes mayorías, son ellas -y no un multimedios- las que le sueltan la mano. Son las grandes mayorías -porque todos los votos valen uno- las que se meten en el bendito cuarto oscuro y decretan en silencio que no se ha estado gobernando bien, que esa gente ya no las representa, y que sanseacabó. Y el aplastante resultado es directamente proporcional a lo defraudado, a lo perjudicado, que el pueblo argentino se sintió, al cabo de cuatro años de Cambiemos. Es difícil que un gobierno no renueve mandato en nuestro país, porque generalmente trae viento de cola. Pero fue tan obsceno lo que pasó, cómo se fueron dando las cosas, que a la primera de cambio el pueblo le soltó la mano. 


La buena noticia, también, es que efectivamente -lo sospechamos, pero siempre dudamos- lo que ocurre en las redes sociales es sintomático nada más que de las inquietudes de un pequeño sector social, hundido en su microclima y alejado del drama que aqueja a la sociedad en su conjunto. Debemos aprender que la realidad social no se expresa en las redes sociales. Apenas se expresan ahí unos cuantos lamentos solitarios. ¿Cómo? ¿Resulta que ahora vamos a despotricar contra las redes? Claro que no. La mayoría de la información circula por redes, nosotros mismos nos informamos a través de las redes y este portal no sería nada sin ellas. Me refiero a que no nos comamos la cabeza y a que no dejemos de abrir la ventana de casa, porque -como siempre- la verdad está ahí afuera, y eso no va a cambiar. 


El slogan que elegimos para nuestro portal rima muy bien con las estrofas que se avecinan: “Bajemos un cambio”. Anoche lo escuchaba a Alberto Fernández en una entrevista televisiva, y explicaba magistralmente cómo fue haber estado en el epicentro de la grieta. No es fácil explicar qué es esto de la grieta. Es algo que se percibe, un fenómeno que sabemos que existe, pero que es difícil poner en palabras. Y Alberto lo hace muy bien. Expresa sabiamente ese mal que nos viene azotando desde hace tiempo. No ya la grieta de los ideales políticos -que es más difícil de saldar-, sino esa sangría absurda que comenzó a abrirse sin saber muy bien por qué y que acabó enredando a un montón de gente. Como la crecida de un río que nos tomó desprevenidos y nos arrastró barranca abajo. ¿Hubo responsables de esto? Sí, claro, Alberto lo dijo anoche: los que se encargan de producir discursos que toman estado público, ya sea desde las redacciones de un periódico de tirada nacional o desde los pasillos de la Casa Rosada; los que adulteran esos mensajes e intoxican a la población, que muchas veces no tiene los anticuerpos necesarios para resistir tanta basura que le arrojan encima. Alberto se muestra como un presidente sensato, dispuesto a enderezar esos alambres retorcidos para ver si las familias argentinas pueden recuperar algo de paz. 

Muchos se resistirán a confiar en él por el solo hecho de que forma parte de un espacio que incluye al peronismo. Bueno, ahí se empiezan a ver los hilos de la grieta política, que es la menos absurda de las grietas, siempre y cuando pueda sostenerse con palabras. Quienes concienzudamente estén en desacuerdo con la propuesta de Alberto Fernández, bienvenidos, bienvenidas, a la sana vida democrática. Mantengan la calma y recuerden que el pueblo tiene una sabiduría que excede a los resortes de los medios y de las imposiciones, y que tiene que ver con lo eficiente o no que resulta una política dada. Ahora bien, si no podés explicar esa distancia insalvable que te separa del peronismo, si tus palabras se agotan en los slogans de los planes y de la corrupción, bueno sería que reveas en qué grieta te metieron: quizá no valga la pena seguir ahí. La corrupción es una enfermedad social que todas las personas de bien queremos extirpar, tengamos las ideas políticas que tengamos, seamos o no seamos peronistas. Alberto Fernández no tiene una sola causa de corrupción, igual que Axel Kicillof y que Matías Lammens. Aferrémonos a eso, si estamos dispuestos a mejorar. Anoche, Alberto dijo otra cosa interesante: la gente, esta vez, eligió confiar en quienes, como él, vienen de la política. Esa idea descabellada de que una persona que viene de otro palo va a hacer mejor las cosas que aquellos que sí vienen de la política, cayó en saco roto. Nada garantiza eso, y los resultados están a la vista. En todo caso, lo que hay que hacer es mejorar la política, y mejorar al peronismo, que es la expresión política y cultural más amplia que tenemos en esta tierra. No es imposible hacerlo, y es necesario que lo hagamos.

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