El camino caminándose

No parece casualidad que hoy guarde su voz en el bolsillo para ceder la palabra a los demás. A él tampoco le parece. “El analista es el que acompaña el andar del otro, y para eso es imprescindible saber escuchar. ¿Qué tengo yo a favor? Que de tanto trajinar la voz, de estar en contacto con gente y de exponer la palabra con facilidad, terminé siendo bicho para conversar, para entrar en confianza y afianzar un vínculo”.

 

Ayer hablábamos de cuando nació la sobrina de Guillermo y entonces él empezó a descubrir la fantasía que había en la música de María Elena Walsh. Y ahora, resulta que ella nos da pie para seguir charlando de otras cosas.

 

Últimamente me pasa que pienso dos veces, cuando tengo que sentarme a escribir sobre la dictadura. No lo dice Guille, lo digo yo, el autor de esta crónica. Me pasa que siento que hay algunos asuntos de esa época que necesariamente tenemos que zanjar, si queremos darle vida a este tiempo democrático que anda ya cerca de los cuarenta. Está canosa nuestra democracia y tiene pancita de cerveza. Es hora de confiar un poco más en ella. Pero esto no quita que no podamos cada tanto recordar algunas de esas cosas que nos pasaron, y en eso andábamos con Guille, esta noche de vino y sobremesa en su departamento de Agronomía. Es que, poesías, canciones, películas y novelas engordaban las listas negras que armaban los milicos en su Ministerio de la Censura. Pretendían, con esa práctica absurda, reconfigurar el gusto del pueblo y ponernos los patitos en fila. María Elena ya era, entonces, una autora consagrada, que escribía canciones para chicos y adultos. Una de ellas se llamó Como la cigarra, y en las oficinas del Ministerio no la pudieron ver. Los tijereteros con botas habrían creído, a juzgar por el título, que era uno más de sus temas infantiles. Lo cierto, lo más cierto de todo, es que los milicos no tienen ni tendrán el tino de reconocer el arte hondo y el nervio popular. Como la cigarra sería, tiempo después, un himno de ese exilio que penaron miles de compatriotas.

 

Guillermo piensa que no existe una persona apolítica porque nadie escapa de tener que tomar decisiones en la vida, y entonces todos nos inclinamos para algún lugar. Él pudo haber elegido no cantar más hasta no armarse una buena banda, pero eligió un montón de veces caerse con su guitarra al hombro a un centro cultural donde unos amigos lo habían invitado. Y él dice que, de la misma manera, Camila podría pensar que sus fotos están para exhibir en una exposición propia, en una buena galería, o que mañana mismo puede ir a colgarlas en una movida cultural que organizaron unos pibes de su barrio.

 

El asunto es que nos remontamos cuarenta años, pero seguíamos hablando de cosas que nos pasan ahora. De esta voz hegemónica al servicio del poder que perfora nuestros oídos y estruja los corazones, porque es como un dios villano que nos vigila desde arriba sin que lo podamos ver. ¿Querrá la gente pensar como piensa? Guillermo pone el ejemplo de colegas suyos que los escucha hablar y tiene la impresión de que no están elaborando lo que dicen: “Ojo, que no son pibes de veinte que están en otra. Es gente de mi edad, que la rema, que se pela el lomo porque tienen chicos”.

 

Él dice que la revolución tiene que ser feminista porque con el machismo no se llega a ninguna parte, y tiene palabras dulces para su mamá y sus dos hermanas. Vuelve a anclar en María Elena Walsh y dice que admira la rebeldía y la obstinación que ella tuvo: “Fijate que algunas de sus canciones tienen cuarenta, cincuenta años. Perduran en el tiempo y sobreviven a cualquier vericueto tecnológico, porque resulta que nuestros hijos las siguen escuchando mientras empiezan a crecer. Entonces, ahí hay amor, y hay un camino hecho”.

 

Guille sabe que tiene un discurso volador, pero aclara que él piensa así, y aclara también que a la hora de trabajar se pone concreto y se compromete con lo que hace: con su música, por ejemplo, escribe y compone, canta sus canciones, pero también graba, edita y busca la manera de mostrar y promocionar ese material, como puede, con lo que tiene a mano. “Lo importante es hacer lo que te gusta, después nos vemos en otra vida. Mientras sigamos acá, que todos nos levantamos y nos ponemos las medias, y salimos a ver qué pasa, hacé lo que te gusta, de la forma que te salga. La magia anda por ahí”. Sí, podría ser el spot engañoso de un candidato de derecha. Pero no. Es la palabra genuina de un tipo que con el tiempo mira mejor.

 

“Cuando voy a dormir,

cierro los ojos y sueño

con el olor de un país florecido para mí”.

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