Bondi

Ayer publicábamos un texto sobre esta crisis que es como un puñal atravesándonos, y que debiera exigirnos estar alertas y cerrar filas como pocas veces hemos hecho. Bah, uno desde su inocencia creería eso, ¿no? Que estando expuestos como estamos, frente a un virus que avanza como manada de elefantes y amenaza con pisotearnos el alma, lo menos que podemos esperar de nosotros mismos es acampar en el terrenito más primitivo de nuestra humanidad y ahí tratar de aguantar los trapos, con un fueguito que nos caliente los corazones e instinto de preservación. Bueno, no che. Bienvenidos al descubrimiento -o a la confirmación- de que no hemos alcanzado como sociedad ese piso de maduración. Bienvenidos a esta triste verdad: no somos capaces de hablar el mismo idioma, siquiera frente a la inquietante cercanía de una conmoción social, de un desvalijamiento moral y de la muerte de miles de compatriotas.

 

Malas noticias, ¿no?

 

A diferencia de ayer, hoy vamos a hablar de política, partiendo desde la premisa inevitable: política sigue habiendo, en la calle y en las instituciones, porque, por mucho que pretendamos estacionar nuestras diferencias, el parquímetro dura un rato y después el auto te lo levanta la grúa. Pero, aparte, porque no hay otra forma de hacer funcionar un país. No está contemplada la posibilidad de quedarnos congelados, como en el juego de las estatuas, mientras el tiempo sigue corriendo. Sobre todo porque vivimos en un lugar que se llama Argentina y que anda ahí por el fondito de América del Sur. Si me decís que somos Dinamarca, bueno, qué sé yo, nos echamos al sol y me preparo un drink. De hecho, calculo que allá estarán haciendo algo de eso.

 

Pero, acabo de chequear, y sí, seguimos siendo Argentina nomás. Y en este bondi no nos podemos dar el lujo de quedarnos sin chofer al volante, porque no tenemos ni noticia de cómo andar en piloto automático. No es fácil, viajar en este bondi. Imaginateló como uno de esos escolares naranjita que tose humo negro, haciendo el camino desde Humahuaca hasta Iruya. Bravo, ¿no? Adentro, algunos nos quedamos piolita mascando coca y mirando el coso por la ventanilla, pero resulta que nos tenemos que fumar a otros paisanos levantándose de la silla dos por tres para vociferar estupideces, desencajados, pasados de rosca. El bondi agarrando las curvas en pendiente con lo último que le queda, intentando clavar los cambios para no desbarrancar. Un viaje hermoso. ¡Re que lo podríamos hacer sin chofer!

 

Si todavía no nos fuimos barranca abajo, y voy a dejar ya mismo de hablar con eufemismos, es porque tenemos en el Poder Ejecutivo a gente laburadora, que se está pelando el lomo para poner de pie a este ispa del fondito de América del Sur. Y, ¿saben qué? No hablemos de peronismo, hoy: limitémonos a destacar la mirada humana y la vocación de trabajo que tienen los tipos y las minas que conducen el gabinete nacional. El lunes de esta semana, en una rueda de prensa que se brindó en el Museo del Bicentenario, Martín Guzmán y Alberto Fernández presentaron los resultados obtenidos tras la negociación con los acreedores externos: deuda reestructurada en un 99%. Un gobierno que se muestra sólido, involucrando permanentemente a los gobernadores de cada provincia. Un mensaje direccionado y un horizonte definido, incluso en una pandemia como ésta, que puede sacar de quicio a cualquier mortal.

 

Las portadas de los diarios ya no tienen mucho para decir sobre los vaivenes del dólar ni sobre el riesgo país. Pero, vamos che, ¡que somos Argentina!, es grande el ovillo y siempre hay un hilito del que tironear, si de mover el piso se trata. Porque, así como tenés un Ejecutivo con las pilas puestas, bajando todo el tiempo un mensaje tranquilizador para la sociedad, del otro lado tenés un Legislativo que es como una whiskería al costado de la ruta, con todos los parroquianos relojeándose y el aire que se corta con tijera: a la primera que se cae un tenedor arrancan a los tiros. Circo deprimente con domadores pasados de copas y payasos que te dan ganas de cortarte un dedo. Estamos en un aprieto, porque las reglas del juego democrático son claras y no se puede fabricar una oposición medianamente responsable. Solo queda soportar sus patéticos sketchs, tragar saliva y no sacar la vista del camino, para conducir el bondi a buen puerto.

 

El último numerito lo montaron el martes: primero no quisieron debatir desde la virtualidad, después se negaron también a hacerlo en el recinto, de manera presencial. En el medio, un acta firmada por todos los bloques que habilitaba las sesiones remotas, y al final, las denuncias mediáticas instalando que el gobierno avanza contra los pilares democráticos. Triste. Rebobino la cinta y vuelvo a repetir lo arriba dicho: tenés un grupo de personas con el ánimo de laburar y hacer política, y otro que se está escabiando de más al costado de la ruta.

 

¿Tanto cuesta distinguirlos?

 

La próxima parada es llegar lo menos lastimados que sea posible al final de la pandemia. Desde ahí, viajaremos más livianos. Tardaremos un poco más o un poco menos, pero nos vamos a bajar del bondi en Iruya, de frente a la capilla y con el pueblito detrás, colgado de la montaña. Van a ver qué lindo que es.

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