Aulas adulteradas

La otra vez publicamos una nota sobre las extremas dificultades que nos presentan ciertos planes de estudio universitarios. Después de eso, me quedé pensando, ¿y qué podemos hacer, cuando son tan pesadas las carreras que elegimos?

 

Hablé con amigues que cursan en la Facultad de Ciencias Exactas, famosa en el mundo universitario por tener carreras particularmente densas y exigentes. Y acá les traigo el testimonio de cinco estudiantes, de cinco carreras diferentes: Biología, Física, Ciencias de la Atmósfera, Ciencias de la Computación y Matemáticas.

 

Camo está cursando su tercer año de Biología -sin contar el CBC-, y charlando con ella surgió enseguida un asunto que era cantado. Le pregunté si se le ocurría alguna manera de hacer la cursada más ligera, para bajar las tasas de deserción e incluso para que más pibes puedan acceder, pensando más que nada en las familias de un nivel adquisitivo distinto al de clase media y media alta que suele habitar la facultad. Su respuesta fue que no. Y no porque estuviera siendo ortiva conmigo ni porque yo no me estuviera dando a entender con mi pregunta.

 

Pero, vamos a darle a esto un poco más de marco: estábamos charlando sobre el tiempo de cursada -dos materias son 28 horas semanales por cuatrimestre- que le exige su carrera, y sacábamos la cuenta de que, cursándola según el plan de estudios, une demora siete años en recibirse. Si tuvieras, ponele, un trabajo part-time, y pudieras cursar nada más que una materia, te llevaría unos 14 años completar esta carrera. El estudiante/joven promedio, entonces, ya tendría que estar pensando en recibirse a eso de los 32, y siempre y cuando salga del secundario con una idea clarísima de lo que quiere para su vida. Si se anda con rodeos, bueno, entonces ya estamos hablando de otro número.

 

Tener laburo: no. Dudar: tampoco. La universidad no es contemplativa con el universo de jóvenes que tienen que salir a ganarse la vida. Y acá ya se nos empieza a achicar salvajemente el rango de les compañeres que nos vamos a cruzar en las aulas y pasillos de nuestras casas de estudio. Ahora, bien, esto que estoy planteando, sobre buscarle la vuelta al asunto para reducir la carga horaria de ciertas carreras, no es una epifanía que tuve una noche mientras intentaba conciliar el sueño, sino un debate de larga data que involucra a alumnos y profesores. Ya se han hecho algunas experiencias, y con esas experiencias surgieron otros problemas: se quiso armar una materia ahí donde antes había dos, pero el contenido de esa materia ampliada resultó muy difícil de ajustar a las horas asignadas.

 

Entonces, ¿cuál es el siguiente paso? ¿reducir el contenido para que la carrera sea más accesible? Ahí nos metemos en un terreno de la discusión que, con toda seguridad, requiere una autoridad que yo no tengo. Hasta ahora, lo único que anoté es que nada más tienen derecho a estudiar una carrera como Biología les pibes que cuentan con un sustento familiar que les permite no salir a laburar prácticamente durante la mayor parte de sus veintis. Estábamos atoradas: a Camo no se le ocurría nada y a mí la verdad que tampoco. Puede ser que recortar contenidos u ofrecer títulos intermedios fuera el principio de una solución. Pero no estamos seguras.

 

Mis otres cuatro amigues experimentan problemas similares, con distinta gravedad, en relación a lo que duran sus planes de estudios, y con ellos, de a poco, fueron asomando algunas propuestas. Una de esas, quizá la más potente, tiene que ver con incorporar esta nueva-encontrada virtualidad, a la ajetreada cursada presencial. “Que los teóricos los hagan grabados”, me dijeron. Si vivís en Ezeiza, o si laburás lejos, podrías acomodar tus horarios y acceder igual, sin que la vida se te haga tan cuesta arriba.

 

Caro es estudiante de Física, desde 2018, y ella cree que la herramienta virtual ha probado ser increíblemente útil: rebobinar una parte de la explicación del profesor, si el tema se puso áspero, y tener la chance de mirar la clase tantas veces como queramos, es un sueño cumplido para les estudiantes. Yo, por ejemplo, la paso mal, cuando no puedo concentrarme durante una clase presencial. No interesa si después me pasan apuntes, o incluso si me explican, nunca es igual. Y eso que yo no estudio una carrera de Exactas, como mis amigues: ahí sí, la explicación es todo, como me decía Vicky, y si te colgás, fuiste, porque por mucho que googlees no vas a encontrar data sobre los Procesos Termodinámicos en la Atmósfera.

 

Desde que empezó la cursada virtual, las autoridades de mi facultad le pusieron poca onda al asunto, en el sentido de aprovechar este tiempo de crisis para desarrollar un espacio nuevo. La propuesta parecía ser: hagamos como si estuviéramos en persona, salvo que no. Clases vía Zoom o plataformas similares y poco más. Muchas limitaciones y casi nada de reflexión.

 

Yo veía que en esta virtualidad anidaba la posibilidad de mayor inclusividad. Está claro que hay una gran cantidad de gente que no tiene acceso a una computadora, o una red de wifi, y que para ellos lo virtual no es inclusivo. Ese es un tema político y cultural, que excede todo debate universitario. Pero, estando involucrados como estamos en una situación irremediable, me daba la impresión de que podía ser una buena oportunidad para desarrollar una nueva herramienta, que aportara soluciones a los viejos problemas.

 

Mi facultad se vio obligada a armar de cero su plataforma virtual. Luego, dio libertad casi absoluta a las cátedras para que propongan opciones de cursada. Muches ataron con alambre e intentaron reproducir la vieja normalidad como si no pasara naranja -spoiler alert: no les funcionó-; otres se salieron de la cómoda y armaron propuestas interesantes, exprimiendo el jugo que pueden dar estas plataformas. La posibilidad, por ejemplo, de usar los foros como una vía de contacto más ágil, para que cada alumne participe de las clases y tenga una devolución casi individual de parte de los docentes, algo impensado en el formato presencial. Se logró, así, que la participación a través de los foros se tenga en cuenta a la hora de cerrar las notas, y está bueno que se repiense también la forma de evaluar.

 

Ojo, no insinúo que grabando los teóricos, subiéndolos a YouTube y usando más el foro, vayamos a resolver mágicamente las problemáticas históricas que hacen que un montón de facultades sean lugares solo aptos para personas privilegiadas, en relación al nivel socioeconómico que disponen. En estas charlas que tuve con mis compañeres estudiantes, surgieron también otros problemas relacionados a una retórica del privilegio que manejan algunos docentes -con frases tales como “ésta es una facultad para gente que quiere estudiar”, frente al reclamo para mejorar los planes de estudios-, y a una propuesta de trabajo que parece estar encerrada enteramente en el universo de la academia.

 

En lugar de tachar a la cursada universitaria de este 2020 como una experiencia indeseada, o como si fuera un paréntesis que no tenemos por qué volver a repetir, pensémoslo mejor, porque quizá podríamos estar atravesando el año en que finalmente pudimos incorporar las plataformas virtuales como parte de la currícula universitaria, algo que sin dudas podría beneficiar a todes les estudiantes.

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