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Animaladas Sueltas -o el arte de la concisión-

#LaCrisisVenezolana
#LosCaposdelaInformación

“Me gusta, seguí que lo sentís”, dijo alguien, y ahí nomás se despachó el panelista con una catarata de insultos, agravios, descalificaciones y vaguedades que dieron inicio al “segmento Venezuela” del programa. Son las 22:30 y la muchachada de Animales Sueltos le grita a la cámara como si estuvieran en la última ronda de Wall Street.


Algunas de las frases que se sirvieron en el menú: “El Caracazo, un momento de inflación (...) Chávez lideró 14 intentos de golpes de Estado (...) Maduro se queja pero su movimiento tiene un germen golpista (...) Chávez quiso asesinar a Carlos Andrés Pérez -ex presidente venezolano- (...) El chavismo está ligado a las FARC (...) Álvaro Uribe -ex presidente colombiano- corrió a las FARC hacia Venezuela (...) Uribe tiene una relación particular con los paramilitares”.


A las 22:41, ya me doy por informado sobre los últimos 30 años de Venezuela y salgo desaforado al balcón para gritarle al cielo todas las injusticias del mundo.


Hecho esto, me pego una ducha, y ya más tranquilo me pongo a leer una entrevista a Noam Chomsky que explica lo siguiente: “El sistema informativo se basa en la premisa de que no hay que justificar nada de lo que se dice. Una vez le preguntaron a un productor del programa Nightline por qué no me invitaban a su programa, y él respondió que ‘este tipo habla en chino, no tiene concisión’. Y tiene razón, porque lo que a mí me gustaría decir en una entrevista no encaja en el credo del sistema. Si uno se ajusta a ese credo, puede hacerlo sin problemas entre dos pausas comerciales, pero si quiere ponerlo en entredicho, entonces debe justificarse, y para eso no hay tiempo”.


Si hubiera habido tiempo -y alguien con ganas de hablar en serio en el piso-, se habría explicado que el Caracazo no fue solamente “un problema de inflación”, sino la reacción social frente a un conjunto de medidas económicas que produjeron, aparte de una inflación galopante, un altísimo nivel de endeudamiento, caídas del precio del petróleo, caída de la inversión, recesión económica y una insolvencia financiera que dio lugar a grandes indicadores de pobreza, desempleo y hambre. Ese cóctel explosivo generó, como era de esperarse, un estallido social.


Si hubiéramos contado al menos con unos minutitos, entonces se habría echado por tierra con esa idea de que Chávez lideró 14 golpes de Estado y con los supuestos planes de asesinar a Carlos Andrés Pérez -el tipo que tomó las decisiones políticas y económicas que engendraron el Caracazo-. Otro tanto sucede con la acusación de que el Chavismo expresa un gobierno de corte dictatorial, cuando afianzó su camino político a fuerza de ganar 15 elecciones, dotadas de instrumentos que garantizan la transparencia.


Por último, hubiera sido necesario también abrir un pequeño paréntesis para explayarse sobre esa “relación particular con los paramilitares” que tuvo el ex presidente Uribe. Si por relación particular se entiende haberlas financiado y entrenado, entonces en esta ocasión podríamos coincidir con el dream team de Fantino. Sobre aquello de que “corrió” a las FARC hacia la frontera con Venezuela, aclaremos que lo que hizo no fue otra cosa que asesinarlos, tanto a los guerrilleros como a la propia población colombiana, y que ese “corrimiento”, en todo caso, no fue hacia Venezuela sino a las Sierras del Oeste. No por nada, cuando el plebiscito a favor de la Paz, allí se votó unánimemente por el SI.


Una cosa más. Esta no es una defensa del gobierno de Maduro ni una crítica al programa de Fantino. El asunto es más grande todavía, dado que esta clase de mensajes se emiten a diario y por todas las vías posibles. Mensajes que son fáciles de decir, porque tienen “concisión”, pero muy complejos a la hora de intentar desentramarlos.


De acá se desprenden dos cosas: que es un discurso sumamente eficaz, dado que se nos hace muy difícil reconocer nuestra propia realidad, y que con desconfiar no alcanza, sino que también es preciso razonar. La animosidad que se construye en los medios de comunicación, nos obliga a barajar un rol mucho más activo que el de mero espectador.


Lass Diarra, mediocampista francés que vistió la blanca del Real Madrid, explicó una vez, y muy “concisamente”, los peligros a los que se enfrentan las súper estrellas, cuando yacen en el cielo nocturno: “Uno puede decir que no, una vez, una noche, pero no puede decir que no todas las veces”. A eso apuntan las tropas comunicacionales de estas políticas neoliberales e imperialistas: a desarmarnos como sociedad y a ganarnos por cansancio. Frente a esos tanques de la concisión, dealers entrenados del laburante cansado, la resistencia será pensada y organizada, o morirá en el intento.